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LA CORRUPCION SEGUN FIDEL CASTRO

LA CORRUPCION SEGUN FIDEL CASTRO

Por Alejandro Tagliavini *
El Iberoamericano
Argentina
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Celso Sarduy Agüero
Jefe de Buró
Cono Sur/Sudamérica
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Diciembre 3, 2005

A raíz de la caída de la Unión Soviética y la desaparición de subsidios que daba a Cuba, Castro se vio forzado durante la década pasada a una muy tímida liberalización de la economía, de manera de poder lograr recursos. Pero ahora Hugo Chávez financia sus aventuras egocéntricas y ya no necesita la liberalización. Así, pocos días atrás, en los mercados de frutas y verduras de La Habana, la policía irrumpió en busca de intermediarios: los peores enemigos del comunismo.

¿Cómo define Fidel Castro lo que es corrupción? Es simple, basta considerar que todo político que no pertenece al partido Comunista no puede existir, no puede permitírsele “corromper” al sistema político imperante, cualquier disidente es un “corruptor” de la opinión pública y, consecuentemente, merece la cárcel. A los que no entienden que no deben “corromper” el sistema, debe excluírselos de la sociedad, por la fuerza, para mantenerla impoluta.
Lo que sucede es que el régimen es moralmente tan débil que, si Castro permitiera que sus ciudadanos fueran libres, su sistema no duraría una semana. Así, para el castrismo, es corrupta cualquier persona que no cumpla con sus esquizofrénicas y egocéntricas directivas. Y, al mismo tiempo, no es corrupto quien trabaje para el régimen (es decir, para Castro), aun cuando la muerte, la extorsión, el secuestro y el terror sea su método, al mejor estilo “Che” Guevara.
Y uno de los grupos considerados más “corruptos” son los “nuevos ricos”, los que pueden mostrar que con el capitalismo, con la libertad, con la iniciativa privada, se vive mejor. Según la agencia Reuters, con el supuesto objetivo de combatir la corrupción, el régimen castrista redobló la ofensiva contra los “nuevos ricos”, los emprendedores privados surgidos durante los años 90, que ahora representan un peligro para el sistema comunista.
A raíz de la caída de la Unión Soviética y la desaparición de subsidios que daba a Cuba, Castro se vio forzado durante la década pasada a una muy tímida liberalización de la economía, de manera de poder lograr recursos. Pero ahora Hugo Chávez financia sus aventuras egocéntricas y ya no necesita la liberalización. Así, pocos días atrás, en los mercados de frutas y verduras de La Habana, la policía irrumpió en busca de intermediarios (los peores enemigos del comunismo, ya que demuestran que no hace falta ser un esclavo industrial del Estado para hacer dinero sirviendo a la sociedad), a quienes las autoridades comunistas acusan de “enriquecimiento ilícito”.
Ahora, el gobierno cubano intenta recuperar el comunismo y corregir las diferencias de ingresos en una sociedad que aspira al igualitarismo de pobres: todos pobres. “Para ellos es ideológicamente difícil de aceptar que alguien gane dinero comprándole a una persona y vendiéndole a otra”, asegura Philip Peters del Lexington Institute.
Por otro caso, los dueños de restaurantes caseros ?los llamados “paladares”-, reciben permanentemente inspecciones sorpresa. “Estamos pasando un mal momento. Hubo retiro de licencias. Estamos rigiéndonos estrictamente por el reglamento”, que les permite tener solo doce sillas, dijo el dueño de un paladar. Los pequeños restaurantes familiares florecieron en los 90, pero hoy sólo quedan 96 de los 600 que llegó a haber en la capital cubana.
El gobierno castrista argumenta que se trata de una nueva fase de la campaña anticorrupción lanzada en octubre, cuando los empleados de las estaciones de servicio estatales fueron despedidos y reemplazados por jóvenes voluntarios en un intento de frenar los robos de combustible. Claro que los jóvenes voluntarios “no son corruptos” sino “fieles al régimen” y por su falta de experiencia prestan un peor servicio, a la vez que el combustible nuevamente comienza faltar.
Las medidas contra los emprendedores -que emergieron favorecidos por la “libre circulación” del dólar entre 1993 y 2004- están llevando a las calles la “campaña de austeridad” que intentó acabar el año pasado con los desproporcionados privilegios de los empleados de las corporaciones estatales. Y en La Habana se rumorea que la ofensiva anticorrupción podría ser extendida a otros sectores, como las farmacias, para acabar con la reventa de remedios subsidiados por el Estado.
Castro habla insistentemente de los nuevos ricos de la isla y asegura que, con moneda fuerte en sus bolsillos, estimulan la corrupción. El Partido Comunista, en el colmo del ridículo, llegó a hablar recientemente del “potencial desestabilizador del precio de las verduras”, ¡vaya enemigo golpista!
Lo que Castro no dice es que la corrupción surge de la arbitrariedad del funcionario estatal, que puede decidir vida y obra de los ciudadanos y, por tanto, hace con los bienes de terceros lo que le viene en gana. De hecho, Castro vive como un príncipe medieval y a nadie rinde cuentas.

© Agencia Interamericana de Prensa Económica

*Alejandro A. Tagliavini es miembro del Departamento de Investigaciones de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) de Buenos Aires, Argentina

 

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