Dissidents in Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for new servers. Thank you.
Calendar
March 2006
M T W T F S S
« Feb   Apr »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
Categories
Archives

Un periodista isleno

Un periodista isleño, corresponsal de Cuba; Luis Felipe gómez Wangüemert

Como quiera que nos hallamos en Los Llanos de Aridane, esplendorosa
ciudad con orgulloso pasado que perdura hasta hoy, en la Isla de La
Palma, rebuscamos argumentos en nuestros estudios
histórico-periodísticos con ella relacionados y nada menos que rememorar
a uno de sus muchos hijos ilustres: Luis Felipe Gómez Wangüemert.
Investigado exhaustivamente por el Doctor y Catedrático de Historia de
América, Manuel Antonio de Paz Sánchez – director o codirector (o
viceversa) en mi tesis doctoral – en uno de sus numerosos libros sobre
las relaciones entre Cuba y Canarias a través de alguno de sus
protagonistas “isleños”.

Como quiera que nos hallamos en Los Llanos de Aridane, esplendorosa
ciudad con orgulloso pasado que perdura hasta hoy, en la Isla de La
Palma, rebuscamos argumentos en nuestros estudios
histórico-periodísticos con ella relacionados y nada menos que rememorar
a uno de sus muchos hijos ilustres: Luis Felipe Gómez Wangüemert.
Investigado exhaustivamente por el Doctor y Catedrático de Historia de
América, Manuel Antonio de Paz Sánchez – director o codirector (o
viceversa) en mi tesis doctoral – en uno de sus numerosos libros sobre
las relaciones entre Cuba y Canarias a través de alguno de sus
protagonistas “isleños”.

Era Luis Felipe descendiente de una típica familia burguesa de la época
decimonónica; su padre era alcalde de esta ya notable población y su
madre, María de las Mercedes Wangüemert Lorenzo, también canaria con
pretérita ascendencia foránea y llena de las virtudes hispanas de la
época. Mantenían recias tradiciones liberales que ya, durante buena
parte del siglo XIX, habían dado claras muestras de sus creencias y
comportamiento político- social con auténtico signo progresista, según
Manuel de Paz en “Wangüemert y Cuba”

Vio la luz por primera vez el 15 de octubre de 1862 y fue bautizado
nueve días después en la Parroquia local de Nuestra Señora de los
Remedios, con el complejo nombre de Luis Felipe Manuel de Los Dolores
como era norma permitida en la época que no hoy.

Citando manifestaciones escritas de uno de sus familiares, Benigno
Carballo Wangüemert (también autor de magníficos escritos que nos
aproximan a la vida social de estas Islas y su demografía a mediados del
siglo XIX) éste describe aspectos de la etapa juvenil en los que apunta
que Luis Felipe de pequeño asistía a una escuela cuya maestra, de
inclinaciones enciclopedistas, leía a Rouseau en clase, aspecto éste que
más tarde corroborará el propio Gómez Wangüemert en muchos de sus
artículos periodísticos. Esta formación previa marcará, desde muy joven,
su comportamiento futuro. Así se desprende de lo que dejó escrito: “…
Teníamos diez años cuando en nuestra villa natal, Los Llanos de La Palma
de Canarias, participamos con otros muchachos en un auto de fe que se
hizo en la Plaza de la Constitución, quemando unos retablos borbónicos
que estaban en la escuela pública; los chiquillos sentimos los primeros
entusiasmos infantiles producto de oír pronunciar la palabra libertad”

Periodista y educador, antes de emigrar a la que sería su segunda
patria, y en la que moriría en 1942: Cuba, desempeñó la labor de maestro
en una escuela de Tazacorte (municipio hoy de la Palma su isla natal)
cargo que según manifiesta en sus artículos de prensa, no olvidaría jamás.

Luis Felipe Gómez Wangüemert emigró a Cuba, en 1882 como tantos otros
palmeros de la época instalándose en el Oeste de la Isla, en Guane (
Pinar del Río) en cuyo lugar buscó sus primeros empleos para dedicarse,
más tarde, al cultivo del tabaco actividad que ya conocía desde su
estancia en La Palma y en la que era un experto. Por su otra afición uno
de los primeros trabajos que desempeñó a su llegada fue el de “profesor
de Instrucción Pública”, previa la realización de unas pruebas que
superó y que recordó en un artículo medio siglo después: ” En 1883
vivíamos en lo alto de la Sierra de los Órganos, en un valle pinareño
del que ya hemos hablado más de una vez en nuestras Notas. Éramos
jóvenes, recién llegados, y anhelábamos ganar dinero para cumplir un
deber filial y así demostrar que podíamos ser útiles. Erróneamente se
nos dijo que, después de un brevísimo examen hecho por la Junta
Municipal de Instrucción Pública, obtendríamos el título de Maestro de
Escuela Rural, y que, vacante una en el Valle, podríamos obtenerla”.

Posteriormente alternaría sus funciones docentes con el cultivo y
comercialización del tabaco y con una sus aficiones iniciadas en su isla
natal de La Palma: el periodismo. Fue redactor y colaborador de las
publicaciones cubanas y canario-cubanas como LA ALBORADA, LA IDEA, LA
FRATERNIDAD, EL RADICAL, LA TARDE, LA VOZ DE CANARIAS, EL ECO DE
CANARIAS, LAS AFORTUNADAS, DIARIO DE LA MAÑANA, LA DISCUSION, Y PAZ Y
CONCORDIA, y fue al menos en 1896, corresponsal del DIARIO DE LA MARINA
y más tarde asiduo colaborador.

Participó en la vida política del momento y llegó a detentar cargos en
la Administración cubana del momento dependiente de España como
territorios de Ultramar pero en estado de continua insurrección, y cuyo
centro máximo de decisiones era la Capitanía General de La Habana.

Ahora bien, como dice el Dr. De Paz Sánchez, un aspecto relevante,
polémico y, aparentemente, contradictorio con su pensamiento y con sus
praxis será, sin duda, su activa presencia en las filas de los
Voluntarios Cubanos (a favor de la causa española), como ya se ha hecho
alusión en otros artículos publicados en nuestra Web Periodismo
Histórico uno de los cuerpos más fieles del Ejército español de ultramar
en La Gran Antilla. Wangümert, sin embargo, no se inscribió de forma
repentina u oportunista en la milicia, a raíz del estallido de la guerra
del año 95, si no que perteneció a aquella desde, prácticamente, su
llegada a la isla. Por otra parte actitud del más razonable sentido
común, si quería progresar, económica y socialmente, lo más pronto
posible en aquella tierra desconocida, por otra parte actitud fruto de
lo más práctico.

No obstante, apunta Manuel de Paz, “Wangüemert no debió ser,
precisamente, un voluntario modelo desde el punto de vista ideológico,
si por tal ha de entenderse el odio a las lícitas reivindicaciones de
los antillanos o el conservadurismo a ultranza, como frecuentemente se
apunta en los textos históricos”. Prueba de ello, el profesor de Paz
refiere algunos hechos y anécdodas: “Hacia 1886, con motivo de la
celebración de un banquete, organizado por las fuerzas armadas de Vuelta
Abajo en honor del gobernador militar de la provincia de Pinar del Río,
el ´general pundonoroso y republicano” Cipriano Carmona y Trallero;
Wangüemert – con 24 años y bajo los efectos del champagne- realizó un
comprometido brindis en elogio del general, donde, a grandes rasgos,
´trazó su figura como amigo íntimo del infortunado Villacampa, años y
años encerrado en un castillo de Mahón, ex Gran Maestro de la masonería
española, perseguido y postergado por su fidelidad a la República´. Lo
peor, ante la presencia de “no pocos españoles demasiado monárquicos, lo
más grande de la inteligencia colonial….” También Wangüemert recordará
con satisfacción otro hecho relacionado con el auxilio prestado a la
hija huérfana del general Villacampa condenado a muerte por haberse
sublevado al grito de “Viva la República”, y así lo testimonia Pérez
Carrión, JA., en su libro “Los Canarios en América. Influencia de los
mismos en el descubrimiento del Nuevo Mundo. Fomento de su población,
desarrollo de su agricultura, industria y comercio etc.”, que nuestro
autor refiere en “El 60 aniversario de la Primera República”, Germinal,
se afirma a este respecto: “…encargado de recaudar fondos en Pinar del
Río para aliviar la situación de buena hija del infortunado General
Villacampa a raíz de los sucesos que motivaron su prisión”.

Sin embargo, fue clara la activa participación de Luis Felipe en la
Guera de Independencia de Cuba a favor de la causa española, aunque su
papel nunca fuera excesivamente relevante o comprometido. Hay constancia
de su celo militar como “práctico de columnas” de los generales Marín,
Suárez Valdés y Weyler entre otros mandos intermedios, habiendo estado
presente en diversos hechos de armas que le merecieron honores y
recompensas. Es destacable los trabajos que llevó a cabo en 1896 para
organizar un escuadrón de caballería voluntaria en Luis Lazo (Vuelta
Abajo) y, en tal sentido o por otra razón afín se trasladó a La Habana
encabezando una comisión para ser recibido por el General Weyler, y al
que solicitaban “armas y pertrechos para más de 1000 canarios jóvenes
residentes en la zona”. Si bien no se crearía la proyectada agrupación
de caballería. El 19 enero de 1898, ya prácticamente perdida por parte
de España aquella guerra cubana (por la intermediación de Estados
Unidos), el comandante general de la división de Pinar del Río cursaba,
en efecto, la instancia de su creación al Capitán General de la Isla,
acompañada de una carta personal de recomendación para Luis Felipe Gómez
Wangüemert, quien, el 12 de marzo, ya era comandante.

No obstante, junto al “sable del guerrero”, como indica el profesor de
Paz, nuestro compatriota se mostró compasivo y a veces altruista durante
los años que ostentó poder en el Valle pinareño, especialmente durante
la guera en que la zona se convirtió en refugio para perseguidos. Y
recordó, también, a una ilustre revolucionaria en la guerra, la mambí
Isabel Rubio, la “heróica vueltabajera (sic), la buena amiga de los
obreros, de los campesinos canarios, enfermos, palmeros en su mayoría,
casi todos del Sur”, un ejemplo noble del opuesto bando. Y dijo de “una
acción guerrera”, donde la insurrecta fue herida, “cayendo muerto, junto
a ella un valeroso canario, defensor de un hospital de sangre escondido
en la manigua”, que solicitó el nombre de una calle para esta heroica
mujer en la localidad de Los Llanos de Aridane, población que tantos
hijos dio a la guerra de Cuba, siendo denegada por la corporción
Municipal caciquil, en marzo de 1914.

Aquella participación de Wangüemert en la guerra, del lado español le
ocasionó, más tarde, algunas dificultades. Hallándose en su isla natal
donde se casó, bajo el mandato de Estrada Palma, fue nombrado cónsul
honorario en La Palma, nombramiento anulado poco después por el Senado
cubano que revisó la trayectoria de su estancia y compromisos adquiridos
durante la guerra de Independencia. El periódico cubano “EL DEBATE”
comentó el hecho y rompió una lanza en su favor al publicar que ”
Wangüemert engalanara su morada por las fechas de la constitución de
Cuba como nación independiente, calificándolo de ser uno de los que
mayores beneficios hizo a nuestros compatriotas en los tristes días de
la reconcentración”

En un artículo posterior, Wangüemert atribuyó su destitución a las
“pasiones políticas”, y realizó una encendida defensa de su conducta
durante la guerra cubana. En 1914, además, con motivo de un viaje a
Cuba, fue recibido con los parabienes de la prensa, que el mismo recordó
en un artículo titulado “Recibimiento” en el periódico “DIARIO DE LA
PALMA” el 12 de agosto de 1914, que completó con otro de fecha 1 de
octubre del mismo año.

Tras larga estancia en La Palma, donde, desde su visión progresista y
filantrópica, luchó contra la injerencia caciquil en todos los órdenes
de la vida palmera a través de numerosos artículos periodísticos en la
prensa local; denunciando las irregularidades en el aprovechamiento de
las aguas de La Caldera de Taburiente, o asuntos sobre tabaco y su
elaboración, cuya actividad sí que conocía bien por su experiencia en
los valles pinareños.

Embarcó nuevamente para Cuba, a bordo del trasatlántico “Catalina”, el 3
de junio de 1914 con objeto de resolver allí “asuntos particulares”,
pero que su estancia se prolongaría, casi definitivamente, en aquella
que sería se segunda patria.

Desde el ángulo periodístico se conoce que en 1918, envió desde La
Habana, unas crónicas para la prensa de su isla nativa, y que repetirá
frecuentemente hasta casi el final de su vida. Igualmente es sabido que,
en el verano de 1920, estuvo ingresado en la Casa de Salud de la
Asociación Canaria de Cuba, en La Habana, afectado de fuerte gripe. Se
constata su importante papel en el seno de la masonería cubana a partir
de 1921, como bien recoge el profesor Don Manuel de Paz, en la segunda
parte de la obra citada.

Por otra parte, nuestro hombre en La Habana, dirigió la revista del
PARTIDO NACIONALISTA CANARIO, “EL GUANCHE”, hasta su desaparición en
1925. No obstante, sus colaboraciones – al menos con su firma – en la
publicación nacionalista son escasas y sólo tratan de emigración y de
problemas relacionados con el colectivo isleño en la Gran Antilla. En
1926 fundó otra revista, “PATRIA ISLEÑA”, que mantuvo encendida la
antorcha patriótica, pero sin el marcado carácter político de la revista
anterior, si bien el número tres, correspondiente al mes de mayo de
1926, lleva en la portada la fotografía de Secundino Delgado Rodríguez,
padre del nacionalismo canario, y del que hace ciertos elogios, pues
siempre añoró su tierra palmera y sus problemas.

Fue miembro de la organización política y del Ateneo Canario en Cuba, y
durante estos años colaboró intensamente con la Asociación Canaria,
promoviendo homenajes y ocupando cargos directivos en la misma, siendo
más tarde invitado a marchar, al producirse un giro conservador en el
seno de la entidad isleña, consecuencia de doble dictadura: La cubana de
Machado y la española de Primo Rivera, que “derechizó” la flor y nata de
la sociedad en la Cuba del momento.

Su labor, en defensa de los canarios de Cuba fue recompensada, por el
Ayuntamiento de su ciudad natal, Los Llanos de Aridane, al dedicarle una
calle, según acuerdo tomado por unanimidad el 19 de noviembre de 1934 en
plena Segunda República, a propuesta del concejal José R. León
Rodríguez, aprobada en pleno que rezaba: “La corporación por unanimidad,
acordó poner el nombre de dicho Sr. Gómez Wangüemert, a la calle de La
Luna de esta ciudad y que se le haga saber dicho acuerdo por medio de
atento oficio”. El propio Wangüemert lo agradecería personalmente
después a través de una de sus “Notas de Cuba” publicada en “EL TIEMPO”
de fecha 3 de agosto de 1935, de la siguiente forma: ” tanta es la
cantidad de cariño a la pequeña Isla, digna de mejor suerte, que se
agotará al acabarse mi vida. Y aun terminada, dejo en defectuoso
español, revistas y periódicos, expresiones de amor al terruño que hagan
disculpables mis errores y apasionamientos.

Perdono a Félix Duarte, que lanzara la idea generadora de la resolución
del Ayuntamiento llanense; es un poeta, es un visionario de altos vuelos
que ve un castillo donde hay un mal molinito de viento; es un compañero
de luchas por la dignidad patria en esta Cuba que él quiere tanto como
yo. Estimo mucho, en todo lo que vale la iniciativa del concejal León
Rodríguez y le reitero mi estimación, mi aprecio al joven que ha llevado
a los labios de este viejo la miel de un afectuoso tributo, cuando aquí,
una Asociación, aún debiéndome mucho, aún habiéndola servido muchísimo,
me eliminaba, ingrata y ruin, por tener muchas canas y por haber
intentado hacerla más culta…”

Varios medios de prensa de La Habana se adhirieron al homenaje, y
sumaron cálidos elogios al anciano periodista.

Durante la guerra civil española de 1936-1939, una mano aviesa e
intolerante desenclavó la placa que honraba al hijo ausente, anulando su
nombre en la calle que le fue dedicada, pero la nueva corporación
democrática llanense de 1980 la volvió a su lugar, a iniciativa de otra
periodista palmera María Victoria Hernández, muy conocida en cualquier
círculo cultural, respecto a la cual el pleno acordó, también por
unanimidad, dar el nombre de nuestro polifacético paisano a “la calle en
proyecto, hoy ejecutado, paralela entre la de Enrique Mederos y la que
pasa por la Cooperativa Covalle.

Fue el periodismo, quizás, el más importante quehacer en su vida
cotidiana, por otra parte concomitante con su espíritu progresista y
filantrópico de que siempre hizo gala. Un artículo del periódico
santacrucero “LA PRENSA”, 28 de junio de 1936, bajo el epígrafe
“Canarias y sus hombres en América” se lee: “Fue periodista para honra
de cuantos lo son”. Entre estos periodistas isleños que han logrado
cimentar un nombre en Cuba – la isla de los canarios- figura Felipe
Gómez Wangüemert, cuya pluma se ha puesto siempre al servicio de las
grandes causas”. Estas palabras del periódico santacrucero, a decir de
Manuel de Paz en obra citada, escritas en 1936, sintetizan a la
perfección la dimensión periodística y humana de Wangüemert. Son el
resultado definitivo de una vida dedicada por entero al periodismo
heroico, por que fue siempre un incansable defensor de la libertad y de
la justicia a través de la letra impresa. Como consecuencia de sus
“experimentos” desde Cuba, en el arte del dar lectura al plomo, en una
breve colaboración para el periódico conservador “LA DEFENSA”, Santa
Cruz de La Palma, año 1900, núm 41, 27 abril 1900, tuvo ocasión de hacer
público ” su credo periodístico”, a través del director del rotativo
Pedro J. de Las Casas Pestana: ” El periodista debe ser apóstol de los
derechos humanos, soldado de la libertad y sacerdote de la moralidad
social. En la procesión del progreso se debe llevar el estandarte de las
ideas que conducen al hombre a la realización de las abnegaciones y de
los heroísmos, ansioso de devolver su carácter de ciudadanos a aquellos
individuos faltos de tal dignidad, por obra de la tiranía. En las luchas
sociales debe esgrimir un arma de acero contra el déspota cuyas manos
manchas de sangre de mártires; contra aquellos que sintiendo en la
retina los destellos de la luz eléctrica suspiran por la vuelta de los
tiempos en que el candil alumbraba encrucijadas y calles, para
establecer un nuevo feudalismo y ser dueños de esos pueblos indiferentes
y pusilánimes que miran sin conmoverse el entroncamiento de los malos,
contra el fanatismo que tienda a empequeñecer los brazos del madero en
que clavaron a Jesús el Nazareno, convirtiéndolo en símbolo de
absolutistas dogmas.

El periodista para ser digno de que así se le llame ha de trabajar sin
descanso, hablando el idioma de la humanidad, por que la razón y la
verdad predominen en el mundo. Una injusticia, una infamia, una
crueldad, han de enrojecer su rostro con el fuego de la indignación.
Ante el altar de la Patria llevará la ofrenda de la inteligencia, de su
pluma y de su amor sin límites. De un amor patrio como Leónidas o
Tanausú, como el del heroico bóer, que con su sin igual ardimiento lucha
en el África vecina. Por la Patria ha de ser bueno y para de ella ser
digno, amar la virtud en todas sus manifestaciones, sintiendo como suyos
los sufrimientos de la humanidad que sufre, que llora, que es esclava.
Así creemos firmemente que debe sentir, obrar y pensar, el periodista”.

Es por tanto lógico que Wangüemert, como soldado de la libertad que se
siente, se adhiera prontamente a la campaña periodística que, en la
primavera de 1908, se inició en Madrid frente al proyecto de ley contra
la propaganda terrorista que había elaborado el gobierno, por que
lesionaba frontalmente la libertad de expresión, pues se pretendía
“herir en su entraña el espíritu democrático en que se fundamenta la
vida de los pueblos cultos, retrogradando en el orden legal a tiempos de
triste y odiosa memoria, en los cuales no había garantía alguna, ni para
la espiritualidad del pensamiento, ni para la seguridad del individuo,
ni para la santidad del hogar”.

En este sentido apunta Manuel de Paz, cumplía con la culta herencia de
sus ancestros en el periodismo liberal palmero, tal como ha precisado
Juan Régulo Pérez en “Los periódicos de la Isla de La Palma”, Separata
de la Revista Historia, número 84, La Laguna 1948″. A manera de veta sin
interrupción de parentesco ideológico agnado, la tradición literaria y
educadora de Antonio Rodríguez López y Faustino Méndez Cabezola,
redactores en “EL TIME”, “LA ASOCIACION”, se continuó en sus
descendientes y discípulos Luis Méndez Franco, Hermenegildo Rodríguez
Méndez, Luis Felipe Gómez Wangüemert, Francisco Lozano Cutillas, Alonso
Pérez Díaz….colaboradores en “GERMINAL”, “DIARIO DE LA PALMA”,
“VERDÚN”, ETC., teñidos de liberalismo, para dar paso al movimiento de
tipo socialista en que desembocó, en un grupo alrededor de “ESPARTACO”.
En esta línea ha estado el mejor periodismo palmero. En esta línea de
pensamiento independiente se conduciría Wangüemert, a lo largo de toda
su vida como escritor de periódicos. Aún cuando, a principios de 1935,
consideraba meritorio el proyecto del gobierno cubano de convertir a los
periodistas en funcionarios públicos, “estableciendo las
correspondientes jubilaciones y teniéndoles las atenciones merecidas”,
criticará a la misma vez la detención, por razones ideológicas, de
Miguel Ángel Quevedo, director de “BOHEMIA” (La Habana) y dirá, para
encabezar su crónica: “Entre el verdadero periodismo y el Gobierno no
son cordiales las relaciones. De aquí que determinados actos en que
periodistas son vejados por los agentes de la autoridad, hayan motivado
protestas colectivas y que se trate de algo que aparte de ser merecido y
justo, contribuirá a suavizar asperezas entre el Primer Poder y el Cuarto”.

Más tarde, al denunciar la falta de libertad de expresión, renovará su
confianza en la fuerza moral de la prensa y de los periodistas,
añadiendo ” que en ocasiones por que se le compra el pensamiento por una
cantidad y realiza la bajeza de ponerse al servicio del que paga mejor;
otras por que no escasea el honrado, el cívico que cumple con su deber,
aun sabiendo que su signa conducta puede causarle muchos perjuicios. Y
al referirse a los periodistas, incluimos a los que aquí están dando
pruebas de firmeza y convicciones, llegando hasta la pérdida de la
libertad”.

Tampoco olvida el papel de la mujer progresistas que trabaja en los
medios de comunicación de masas. Evocará Wangüemert los valores del
periodismo a través del recuerdo de singladuras pasadas como las del
“DIARIO DE TENERIFE”, con motivo de la conmemoración de su cuarto de
siglo desde que saliera a la luz, bajo la batuta de Patricio Estévanez;
o, particularmente, la del primer periódico palmero “EL TIME”. A este
respecto dejó escrito: “Que “El Time”, y el Time (referido a una elevada
depresión isleña), han ejercido en mí influencia poderosa: uno
haciéndome amar el periodismo, cultivándolo, empleándolo como medio
progresivo; otro, arraigando, profundizando en mi entraña el cariño a
aquel pedazo de La Palma en que nací y al que la Naturaleza con sus
galas, hizo lo más hermoso del terruño ( Diario de La Palma, Santa cruz
de La Palma, 12 julio 1912).

Pero no olvidará recordar otro periódico palmero, “GERMINAL”, al que
dedica uno de sus artículos epigrafiados Notas de Cuba, del que
extraemos: “¡ Germinal ! Así se llamó también un modesto semanario,
honrado, batallador, defensor del libre examen, David lanzando piedras
al Goliat caciquismo. Vivió años en recia lucha y se extinguió para
evitar que el día menos pensado fuese baja por defunción repentina de la
Redacción.

Ignoramos si a algún republicano, ahora que aún es imposible hacerlo, se
le ha ocurrido la idea de conmemorar de alguna manera la fecha de
nacimiento de ´Germinal´, de Santa Cruz de La Palma. Decimos esto por
sus muertos: Gildo, (se refiere a Hermenegildo Rodríguez Méndez, uno de
sus directores y redactores, periodista de fuste, hijo de D. Antonio
Rodríguez Méndez, llamado el maestro); León Felipe, Pancho Lozano, que
no vieron el triunfo del ideal…”.

Se alegra Wangüemert enormemente cuando a principios de 1936, en fechas
poco tranquilizadoras para los “hombros progresistas y liberales como
él”, sale a la luz en Tazacorte, un periódico local, “EL MUNDO”, y al
respecto escribió desde Cuba para “EL MUNDO de Tazacorte”, el Tiempo, SC
de La Palma, 7 marzo 1936, enviado desde La Habana con fecha 16 de enero
: ” La aparición de “El Mundo” en estas horas en que España va a decidir
si habrá de ser luz o tiniebla, nos hace pensar que a lo largo del
terreno, desde el pie de la Cumbre al Puerto, sus moradores, hombres y
mujeres, capacitados, con sentido común, se hallarán unidos por el sano
propósito de alcanzar el mutuo mejoramiento social, mental y económico,
que no se produjo, que no podía producirlo el caciquismo, monstruo cuya
acción y cuyo recuerdo continúa produciéndonos indignación y asco”.

Wangümert también rememora diversas personalidades singulares del
periodismo como Munguía, ligados a sus recuerdos periodísticos cubanos
de los años ochenta del diecinueve, o del señero paradigma de Martí, de
quien reproduce las frases dedicadas a la muerte de Marx y resalta su
inmensa labor de propaganda que refleja en “Martí periodista”, El Tiempo
Santa Cruz de la Palma, 8 mayo 1935). Dice en su artículo sobre el
apóstol cubano, de madre canaria: ” Este predicador incansable, que de
todo sabía, no se limitó a hablar a los suyos; dijo a gentes de otros
pueblos y fue el periódico el medio empleado; fue periodista, para honor
de cuantos lo son, aun de aquellos que hacen de la pluma un arma
innoble, y lo niegan, por tanto”.

En otro aspecto elogia a otro profesional, Antonio Escobar, redactor del
conservador y pro-español “DIARIO DE LA MARINA” de espíritu noble, “el
último periodista romántico enamorado, orgulloso de su profesión,
periodista a los veinte años, y así hasta los ochenta, que dejó de
existir”. Dirá Wangüemert de él que “difundió ideas generosas, y siendo
un patriota verdadero, entendió que debía servir a Cuba sin tratar de
explotarla en provecho personal”, fue procesado por el gobierno colonial
y desterrado a Ceuta. Luego, en Madrid, en Madrid halló el consuelo y el
apoyo de sus hermanos del gremio, entre ellos del “inolvidable Miguel
Moya, honor y gloria de la clase”, 17 octubre de 1935.

También dirá en el artículo citado: ” Las Islas Canarias no fueron
desconocidas por don Antonio Escobar; recordamos un artículo suyo
tratando de la situación geográfica y política del Archipiélago, de sus
posibilidades de vida económica al amparo de la autonomía o la
independencia, y diciendo que hace no pocos años, en Cayo Hueso, en una
plaza pública, los canarios allí residentes y sus hijos izaron la
bandera de las siete estrellas en señal de liberación”.

Sobre los últimos años de la vida de este polifacético prócer “isleño”
de La Palma, Manuel de Paz apunta que pudo leer dos cartas privadas del
archivo familiar: La primera, del 24 de diciembre de 1937, remitida a
sus sobrinos desde la barriada de La Víbora (La Habana), con motivo de
la muerte de su madre, decía: “…ella sigue viviendo en mí, como yo
viví en ella mientras latió su corazón”. La segunda datada en el mismo
lugar con fecha 23 de febrero de 1942, no corresponde a su caligrafía y
debió ser dictada a algún familiar, pues Wangüemert se encontraba
enfermo, moriría aquel mismo año, y en ella se lee: ” Me entretengo
enhacer versos que no publico…”. Uno de aquellos poemas estaba
dedicado al agua del valle de Aridane, que procedente de la Caldera de
Taburiente, llega potable y pura a Los Llanos de Aridane, cuyo sabor
compara con otras aguas de Cuba, dejará escrito con suprema nostalgia: ”
¡No volverás a mis labios, agua fresca de Aridane!

Un mes antes de morir, remitió a su amigo el afamado pota palmero muy
amante de Cuba: Félix Duarte, otra misiva posiblemente la última que
escribió; en ella se refleja su voluntad de seguir trabajando, hasta el
final, por el colectivo isleño de la Gran Antilla:

Lamento que la guerra me impida extenderme contándole del movimiento
cultural en prosa y poesía, que es mucho. Se acaba de reorganizar Ateneo
Canario y contra mi voluntad me eligió Presidente. El primer acto
colectivo fue en l tarde del 19 de junio, aniversario del fallecimiento
de Leonor Pérez, madre de Martí; en su sepulcro, con concurrencia,
flores y discursos, en demostración de que no existen diferencias
ideológicas en cuanto honrar a ilustres canarios muertos. Le adelanto
esto que aún no he pedido a los compañeros del Ateneo, un homenaje al
historiador y erudito don José Viera y Clavijo, ante su busto de bronce
que como Vd. sabe puse en la Avenida Central de la Casa de Salud “La
Candelaria” próxima al de Caldos. Esto de realizarse será pronto,
sirviéndome de base para mis cuartillas su carta y el recorte de “LA
PRENSA” guardada como oro en paño. Ya le contaré si llego hasta
entonces, pues a más de la enfermedad cumpliré 80 años el 15 de octubre
próximo. Si piensa contribuir al tributo mándeme por vía aérea una
poesía, a serle posible un soneto”. Este artículo parece íntegro en el
publicado por el Dr. Manuel de Paz, titulado “José Esteban Guerra Zerpa
y Luis Felipe Gómez Wangüemert: Dos palmeros en la revista El Guanche”,
El Día, Sta. Cruz de Tenerife, 4 dic. 1977) Luis Felipe Gómez Wangüemert
falleció en la noche del 15 al 16 de agosto de 1942 en su casa de La
Habana, Calle Luis Estévez núm. 220 que habitaba su hijo primogénito y
fue enterrado en el Cementerio Colón de la capital habanera, donde
tantos otros ilustres canarios le precedieron, y los que siguieron,
incluso alguno de sus hijos nacidos cubanos:

Luis Gómez-Wangüemert Lorenzo.

Es otro canario con protagonismo en tierras de Cuba. Nació el 15 de
abril de 1901 en Santa Cruz de Tenerife donde vivió hasta la edad de
quince años en que se trasladó a Cuba, con su familia, como era norma
muy habitual de la época. Era su patria por nacionalidad paterna y en La
Habana estudió bachillerato al tiempo que trabajaba para poder
subsistir. Efectuó estudios de derecho, si bien desde 1919 se dedicó al
periodismo, que fue la profesión que le enseño su padre otro isleño con
enorme protagonismo en Cuba: Luis Felipe Gómez Wangüemert, actividad
ésta que al igual que su padre practicó hasta su fallecimiento.

Colaboró en el periódico “Heraldo de Cuba” y en la revista “Carteles”
desde 2928 hasta 1960. Desde el año 1939, fue comentarista de asuntos
internacionales, primero en radio y posteriormente en la televisión.
Como periodista fue crítico teatral y musical durante los positivos años
cincuenta para el espectáculo cubano y había colaborado en la fundación
de la revista teatral “Talía”, de efímera duración.

Perteneció al Partido Revolucionario Comunista que había fundado el
disidente cubano a los llamados Gobiernos Auténticos, Gustavo Aldereguía.

Después del triunfo de la Revolución cubana, fue nombrado director del
periódico “El Mundo”, para pasar más tarde, a la directiva del
Movimiento por la Paz y la Soberanía de los Pueblos. Fue, asimismo,
colaborador del Ministerio de Asuntos Exteriores revolucionario y
comentarista de asuntos internaciones del noticiero nacional de la
Televisión cubana y vicepresidente de la Sociedad de Amistad cubano
soviética.

José Luis Gómez Wangüemert Maíquez.

Como el anterior, hijo del afamado periodista natural de la Isla de La
Palma (Islas Canarias), Luis Felipe Gómez Wangüemert cuya actuación en
Cuba fue de enorme trascendencia para las relaciones canario-cubanas.

Nació, su hijo, en La Habana, el 2 de julio de 1925. Realizó estudios de
enseñanza primaria y secundaria en el Colegio Tomás Edición y La Víbora
de la Ciudad de La Habana, donde se graduó en Bachiller de Ciencias con
brillantes notas.

Ingresó en La Universidad de La Habana, curso 1945-46, matriculándose en
la Escuela de Ingeniería, si bien no finalizó ninguna carrera.

Por su espíritu progresista y rebelde participó en el episodio
revolucionario conocido por “La expedición de Cayo Confito”, año 1947,
un empeño de carácter bélico llevado a cabo por numerosos cubanos, entre
los que destacaba el mismo Fidel Castro, para intentar derrocar la
tiranía que en República Dominicana representaba el general Leonidas
Trujillo, que resultó un fracaso.

Trabajó en la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, bajo la
dirección del doctor Raúl Roa, amigo de su padre, que desempeñaba el
máximo cargo en dicha institución oficial.

Cuando se produjo el golpe de estado que encabezó el General Batista el
10 de marzo de 1952, en defensa de sus ideales y relaciones
estudiantiles revolucionarias, se enroló en la lucha callejera,
figurando entre los miembros del Directorio Revolucionario contra la
tiranía, que mandataba (sic) el conocido líder estudiantil José Antonio
Echevarría.

Durante el ataque contra el Palacio Presidencial con el objeto de
derrocar a Batista, que tuvo lugar el 13 de marzo de 1957, perdería la
vida cegada por las balas de la Guardia Presidencial. Estas fuerzas
dependientes del dictador lograron abortar el propósito, y en el que
también murió el citado José Antonio Echevarría, no sin antes y, como
consecuencia de la acción, obligar a Batista a abandonar inmediatamente
(tras dejar en su mesa, aún humeante, tabaco y café) el despacho que
ocupaba en el Palacio y por la “puerta secreta” para salvar la vida.

ASPECTOS COMPLEMENTARIOS PARA UNA TESIS DOCTORAL

http://www.cubanuestra.nu/web/article.asp?artID=3650

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *