Dissidents in Cuba
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Hay muchas "Ingrid" en las cárceles cubanas

Hay muchas "Ingrid" en las cárceles cubanas
Ricardo Trotti
El autor es periodista argentino, director de Prensa de la SIP
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Para varios presidentes latinoamericanos, Ingrid Betancourt se convirtió
en símbolo de una causa justa y popular, permitiéndoles, junto a
muchedumbres y cantantes, reclamar la liberación de cientos de rehenes
en manos de terroristas colombianos.

En su reciente gira por América Latina, Ingrid cosechó halagos y prodigó
agradecimientos a presidentes como Chávez, García, Da Silva, Correa,
Kirchner, Morales y Bachelet, quienes intercedieron por ella antes de
ser rescatada por el Ejército de Colombia.

Ingrid logró rápidas adhesiones tratándose de un motivo fácil de
enarbolar, ya que el secuestro es considerado un delito de lesa
humanidad según el derecho internacional. Pero la causa se torna más
compleja de abrazar, cuando se trata de "secuestros oficiales", plagios
cometidos por el propio Estado, como en Cuba, donde las autoridades
vienen tirando a muchas "Ingrid" en las prisiones, sin otra reacción que
protestas gubernamentales muy mesuradas o burdamente diplomáticas.

Así como las FARC retuvieron a Ingrid por seis años, el gobierno cubano
mantiene cautivos a unos 300 presos de conciencia, quienes sólo han
cometido el delito de disentir contra un régimen que prohíbe derechos
fundamentales, como las libertades de expresión, de asociación o de
traslado.

Cíclicamente hay pedidos gubernamentales por la libertad de los rehenes
oficiales, casi siempre sin convicción y con ingenuidad, como en el caso
de la Comunidad Europea, que antepuso en junio condiciones para levantar
sanciones comerciales. Finalmente, Europa cedió y Cuba no libertó a
nadie. La presión ahora pesa sobre el presidente electo estadounidense,
Barack Obama, a quien se le exhorta levantar el embargo, aunque la
petición no se extiende a Raúl Castro, para que respete a sus ciudadanos.

El romanticismo por "logros revolucionarios" tan promovidos, como la
educación y la salud, ha hecho que muchos se excusen de reclamar por la
falta de libertad y la violación de los derechos humanos o, peor aún,
que soliciten, como el Parlatino, la reinserción de Cuba a la OEA sin
condición alguna, justo cuando arrestaban en la Habana a decenas de
manifestantes que conmemoraban el 60 aniversario de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos.

No hay estadística confiable sobre cuántos secuestrados de conciencia
hay en las cárceles cubanas, ya que el Gobierno tiene vetado toda visita
de organización veedora de los derechos humanos y no se somete a la
supervisión de tratados internacionales. La disidente Comisión Cubana de
Derechos Humanos adivina la cifra en cerca de 300, incluyendo a los 55
disidentes del grupo de 75 que fue encarcelado durante la "primavera
negra" de marzo 2003.

Unos 25 de aquel grupo son periodistas condenados a más de 20 años por
el delito de "contribuir con el enemigo". Muchos están en grave estado
de salud, según un informe de la SIP, que también reporta 60 reporteros
independientes activos en la isla, quienes soportan periódicamente
persecución, arrestos temporales, multas y deportaciones hacia sus
provincias de origen.

Las represalias atropellan a quienes siquiera expresan sentimientos,
como la bloguera Yoani Sánchez, quien al crear un movimiento de
adhesiones virtuales y tratar de unir a sus colegas en una reunión
física, fue intimidada por la seguridad gubernamental, recordándosele
que el Estado es el que decide quien accede o no a internet.

Aunque estos jóvenes se sientan exultantes por sus denuncias, deberán
tener cuidado. El Gobierno podría utilizar el disfraz de oveja como en
marzo del 2003 contra el movimiento de periodismo independiente. En
aquel entonces infiltró a las nuevas agencias de prensa, provocándoles
una implosión mediante delatores y soplones que luego utilizó como
"testigos" en juicios sumarísimos.

Todos en Cuba —disidentes como Marta Beatriz Roque, activistas como las
Damas de Blanco, o periodistas independientes como Miriam Leyva,
blogueros como Yoani Sánchez, cantantes como Gorki Aguila— saben que la
expresión está prohibida y corren el riesgo de terminar en la cárcel.

Así como el destino convirtió a Ingrid en paladín de una causa, algún
día habrá un líder (y ojalá cantantes también) que creará conciencia
sobre la atrocidad de los secuestrados de conciencia del régimen
castrista. Mientras tanto, los presidentes, especialmente los
latinoamericanos, tienen la responsabilidad de abrazar todas las causas,
no sólo las fáciles, sino también las más comprometidas, como ésta, la
de los "secuestros oficiales".

http://www.laprensa.com.ni/archivo/2008/diciembre/13/noticias/opinion/300018.shtml

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