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El escándalo del totalitarismo

El escándalo del totalitarismo
FERNANDO MIRES | Oldenburg | 29 Jul 2015 – 9:37 am.

No es seguro que hoy vivimos en una era postotalitaria. Algunos nuevos
movimientos políticos pretenden totalizar la lucha política frente a un
enemigo total.

Cuando Hannah Arendt publicó en 1951 su libro Los orígenes del
totalitarismo las izquierdas europeas guardaron un escandaloso silencio.
No es que el libro hubiese pasado desapercibido. Todo lo contrario. Las
editoriales hicieron un buen negocio. La rigurosidad intelectual, el
estilo preciso y lo novedoso de sus tesis despertaron interés en
círculos académicos. No así en los políticos. ¿En donde residía el
escándalo? Para muchos en el hecho de que Hannah Arendt comparaba a el
régimen estaliniano con el nazismo.

Salvo una u otra excepción como Raymond Aron o Albert Camus, para la
gran mayoría de la clase intelectual europea, la URSS, pese a sus
dantescos campos de exterminio, era la depositaria de ideales sublimes
nacidos en Occidente, territorio de experimentación de las ideas del
intelectual más portentoso que había producido Europa después de Hegel:
Karl Marx. Y no por último, la URSS era, según “los maestros
pensadores”, una formación económica-social superior al orden
capitalista en el proceso “irreversible” de la evolución histórica.

Por si fuera poco, Hannah Arendt dio a conocer su libro durante un
periodo en el cual todavía la URSS conservaba la bien ganada imagen de
“baluarte en contra del fascismo mundial”. Aunque después reiteró Arendt
que bajo Jrushov y Brézhnev la URSS si bien dictatorial ya no era
totalitaria —diferencia que todavía muchos politólogos no entienden— su
libro no coincidía con la imagen de “la heroica URSS” de la Segunda
Guerra Mundial.

Solo después de que en 1989 fuera derribado el muro de Berlín, el libro
de Arendt pudo aparecer en los salones de la política. Hoy casi todos
los comentaristas, incluso los que no lo han leído, lo citan.

Doce años después de los Orígenes… publicó Arendt otro de sus
clásicos: Sobre la Revolución. El éxito político fue esta vez mayor. En
momentos en los cuales el mundo parecía estar revolucionado desde
Vietnam a Cuba, aparecía un libro explicando el génesis y el sentido del
concepto revolución.

Aunque el libro está centrado en la comparación de las revolución
norteamericana de 1776 y la francesa de 1789, muchos intelectuales de
izquierda creyeron encontrar en él una fuente teórica de inspiración. A
pocos se les ocurrió que entre el libro de 1951 y el de 1963 podía haber
un nexo. Si se hubieran dado cuenta habrían percibido que Sobre la
Revolución era desde el punto de vista político aún más escandaloso que
el libro sobre el totalitarismo.

Mientras el primer libro se ocupaba del “fenómeno” totalitario, el
segundo nos dio a conocer a su matriz. Esa matriz se encuentra —en ese
punto escribía Arendt en plena sintonía con el pensamiento de Alexis de
Tocqueville— en los tópicos más radicales de la revolución francesa,
algunos de los cuales cristalizarían en el bolchevismo y en el
nacional-socialismo.

Comparando a la revolución norteamericana con la francesa descubrió
Arendt que mientras la primera solo intentó cambiar un orden político,
la segunda nació conteniendo la patología representada por un enemigo
meta-histórico. Y bien, ese es precisamente el punto que une a la
revolución jacobina con la bolchevique y con la fascista. Mientras la
norteamericana fue una revolución que tuvo lugar en un marco histórico
determinado, las que le siguieron nacieron con el objetivo de derrotar a
enemigos “universales”.

Los jacobinos soñaban con la destrucción del “antiguo régimen”. Los
bolcheviques con el fin del capitalismo. Los nazis con el fin del
judaísmo. Las tres configuraban a un Enemigo Total frente al cual no
cabían concesiones.

En cierto modo Sobre la Revolución ilumina el sentido explícito de los
Orígenes… A través de sus páginas se entiende como la relación
establecida en los Orígenes… entre bolchevismo y nazismo era para
Arendt algo más que una comparación o una analogía. Esa relación era,
sobre todo, una unidad, un mismo fenómeno expresado en dos formas
diferentes, o para decirlo en términos conocidos: se trataba de dos
cabezas de una misma hidra.

La hidra había nacido en Francia. Su nombre era La Revolución, no una
revolución con minúscula sino La Revolución con mayúscula, vale decir,
un proyecto histórico destinado a cambiarlo todo.

La destitución del monarca fue para los jacobinos —así observaría Claude
Lefort después de Hannah Arendt— solo un medio para alcanzar la
totalidad de un cambio histórico de carácter universal. Y para cambiarlo
todo era necesario totalizarlo todo. Eso significa que el periodo de El
Terror implantado por Robespierre no era un fin en sí sino el medio del
que se valía “la historia” para alcanzar la reconciliación definitiva de
la humanidad consigo misma.

Hay pues una relación entre un Maximiliano Robespierre asomado en los
balcones de las Tullerías, contemplando como en nombre de La Revolución
rodaban las cabezas de sus adversarios, con el Holocausto y el Gulag e
incluso, con un Ernesto “Che” Guevara en la Fortaleza de San Carlos de
la Cabaña, haciendo volar —también en nombre de La Revolución— la tapa
de los sesos de los suplicantes prisioneros.

Hubo por cierto dictaduras que pese a su infnita crueldad no lograron
convertirse en totalitarias. Ya sea porque Pinochet no pudo en contra de
la tradición democrática-partidista de Chile, o porque el Estado
renunció al control absoluto de la economía, la dictadura militar no
logró completar hasta el último su ideal totalitario. Lo que no
significa que este no hubiera existido: Pinochet logró al menos
construir a un Enemigo Total: el “marxismo internacional”, un enemigo
frente al cual todo estaba permitido.

No es seguro si hoy vivimos en una era postotalitaria. Pero si
analizamos algunos nuevos movimientos políticos veremos que la
pretensión de totalizar la lucha política frente a un enemigo total no
ha desaparecido todavía.

En el mundo islámico ISIS designa como enemigo total a todo el
Occidente, en Francia Marine Le Pen designa como enemigo total a la
oligarquía europea, el Partido de la Libertad Holandés de Geert Wilders
a todo el Islam, Syriza de Grecia a la Troika europea, Podemos a la
casta española y europea, y en América Latina, neodictaduras y
autocracias intentan justificar violaciones a los derechos humanos
inventando una lucha total en contra del Imperio.
La lógica meta-real del totalitarismo continúa existiendo. La tentación
totalitaria comienza con la gramática totalitaria.

Source: El escándalo del totalitarismo | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/internacional/1438002156_15962.html

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