Dissidents in Cuba
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El rediseño de la oposición

El rediseño de la oposición
Después de décadas de marchar con la carreta delante de los bueyes, sonó
la hora de poner los bueyes delante, considera el autor de este artículo
Arnaldo M. Fernández, Broward | 28/07/2015 2:51 pm

Al examinar el nuevo panorama cubano, Carlos Alberto Montaner acaba de
hacer diana política con la flecha del tiempo: luego de más de medio
siglo de dictadura, los cubanos deben “diseñar alguna forma sensata y
pacífica de tratar de recobrar la libertad”.
Desde 1976 tienen a mano el “voto libre, igual y secreto” para
deslegitimar al gobierno, pero la percepción atinada de la fisura en el
plano horizontal de la democracia (derechos humanos) se enturbió con la
alucinación de otra fisura en el plano vertical (ejercicio del poder):
que con sólo recoger firmas entre la gente se podían pedir leyes y
plebiscitos antidictatoriales al poder legislativo de la propia dictadura.
Tal como la dictadura está “empeñada en negarles la sal y el agua” a los
cubanos, según Montaner, los lidercillos opositores se empeñaron en
tratar de recobrar la libertad de forma pacífica, pero insensata, con la
idiotez de dar un paso atrás en la acción política y abogar por firmas
inútiles en vez de por votos en contra del gobierno.
A la espera de que así ganaran la mayoría dentro, los poderes de afuera
terminaron por cansarse y vienen pactando con la dictadura. Hasta
Rousseau se reía de quienes “se imaginan que para ser libres basta con
ser revoltosos” (Consideraciones sobre el gobierno de Polonia, 1772).

Domingos de represión
Para ir más allá de la revoltura, el 19 de mayo del año pasado Antonio
Rodiles tomó la vía de quejarse por la demora en y pedir la ratificación
de los pactos internacionales de derechos humanos, pero enseguida
desistió, a pesar de la advertencia de que sin acción política racional
“seguirá la rima de los espectáculos opositores hasta que La Habana y
Washington pacten algo distinto para consumar en la paz aquella
maldición que Kennedy le echó a Miró Cardona en la guerra: Your destiny
is to suffer”. Así mismo fue.
Hoy esa rima prosigue como si nada en marchas dominicales que ya suman
17 sin sumar partidarios, pues apenas revuelven las redes sociales y la
blogósfera cubiche con partes de personas detenidas y casos de
brutalidad policial que no dan ni para la venta mediática. A este último
efecto, la disidencia tendría que aportar a la cultura de masas
globalizada lo que Lyndon B. Johnson exigió en 1965 para lavar la cara
de la invasión de los marines a Santo Domingo: cadáveres sin cabeza.
La desesperada necesidad mediática provoca no sólo que el reality show
de la oposición aburra, sino que suplante la labor política genuina de
ganar prosélitos sin alboroto. Se da pábulo incluso a relatos de ficción
como víctimas de la represión o blogueros que hacen temblar a la
dictadura, activistas solitarios que organizan paros nacionales o
plebiscitos de una sola pregunta o se codean con el próximo jefe de
Estado y Gobierno, coaliciones disidentes que por consulta al MININT se
enteran del plan de Raúl Castro para liquidar a los núcleos opositores
en tres meses y tantos otros cuentos que espantan, sobre todo al
recordar otra clave bien democrática de Rousseau: “Va contra las leyes
de la naturaleza, comoquiera que estas quieran definirse, que un imbécil
sea líder” (Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los
hombres, 1754).

Intelectualidad inorgánica
Esa disidencia ya no tiene remedio. Nunca contó con autorreflexión
crítica, sino mero wishful thinking. Rafael Rojas, por ejemplo, hizo
sonar “la hora de la disidencia” con el Proyecto Varela (2002) y aun
cifró en este disparate la estrategia para “seguir trabajando dentro de
los estrechísimos márgenes que ofrece la Constitución”. Al filo de la
reforma migratoria (2013) percibió “un cambio de sentido en la
experiencia de la oposición en Cuba”: si antes “convertirse en un líder
de la oposición significaba ser reconocido internacionalmente”, ahora
tenía que construirse “un liderazgo dentro de la Isla, de cara a una
joven comunidad politizada”.
Así que después de décadas de marchar con la carreta delante de los
bueyes, sonó la hora de poner los bueyes delante. Demasiado tarde. No
hubo ni habrá cambio de sentido en la experiencia opositora. En las
elecciones populares (2015) fueron propuestos apenas dos disidentes de a
pie y ninguno de los lidercillos aerotransportados. Su experiencia de la
oposición continúan siendo viajes y reuniones en diversos puntos del
mundo global y planes de transición a la democracia tan ineficaces como
el Proyecto Varela.

Coda
Diseñar ahora una forma sensata y pacífica de tratar de recobrar la
libertad sería más bien rediseñar: soltar el lastre de los lidercillos y
buscar líderes empeñados en ganar, en vez de seguidores on line,
partidarios de carne y hueso que anulen o dejen en blanco sus boletas
electorales en vez de estampar sus firmas en papeles inservibles. El
corolario sería que las inversiones extranjeras para la democracia en
Cuba tendrían que encauzarse hacia los sectores empresarial y laboral
privados.
De lo contrario, la flecha del tiempo seguirá avanzando a favor del
gobierno por entre las engañifas y los alardes opositores de siempre.
Hasta ahora cualquier cosa —desde un proyecto alucinante o un panfleto
absurdo hasta una reacción del gobierno— se ha imaginado como hendija
por donde entraría el Mesías opositor, pero a tal efecto la única
hendija apropiada es aquella de la urna electoral.

Source: El rediseño de la oposición – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-rediseno-de-la-oposicion-323297

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