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Avancemos juntos en las coincidencias

Avancemos juntos en las coincidencias
PEDRO CAMPOS | La Habana | 29 Sep 2015 – 9:49 am.

El maniqueísmo que pretende dividir a Cuba entre izquierda y derecha,
capitalistas y socialistas, proimperialistas y antimperialistas,
nacionalistas y anexionistas, no responde a la realidad y obstaculiza la
democratización.

No son pocos los de una cierta izquierda que se atemorizan ante las
demandas de democratización de la sociedad cubana y, si bien algunos
hasta reconocen la necesidad de cambios en el sistema político cubano,
otros no se esconden para decir que no necesitamos ninguna otra
democracia porque la “cubana” es la mejor de todas.

Esos defensores a toda costa del indefendible modelo político actual y
su concomitante modelo hegemónico de economía estatal asalariada, son
los mismos que posiblemente no sepan o acepten que el propio Gobierno
trabaja en una nueva ley electoral y en una nueva constitución.

Instrumentos que deberán ser puestos a discusión pública, horizontal,
ser sometidos a referendo y contemplar reformas importantes que
permitan el ejercicio de la soberanía por el pueblo, si realmente
aspiran a ser democráticas.

Las suspicacias frente a las propuestas democráticas que se hacen
desde la oposición y desde la izquierda, parten de considerar que detrás
están el interés o la posibilidad de restablecer “el capitalismo” y la
subversión imperialista, como si en Cuba no tuviéramos capitalismo, como
si la oposición o la izquierda no tuvieran personalidad e intereses
propios y como si la democratización del sistema político cubano no
fuera una necesidad propia del pueblo y las fuerzas políticas cubanas de
todos los colores políticos y de todas las tendencias económicas.

Algunos no entienden que el modelo de economía impuesto en Cuba en
nombre del socialismo se trata en esencia de una forma de capitalismo
monopolista de Estado porque las empresas privadas “nacionalizadas” que
funcionaban a base de la explotación de trabajo asalariado, que tipifica
el capitalismo, siguieron explotando el trabajo en esa forma, solo que
bajo propiedad estatal. Aquellas propiedades estatizadas; nunca fueron
socializadas ni colectivizadas, como dicen algunos.

Y ese Estado que monopolizó el capital, los bancos y el mercado, que por
su afición al estatalismo nada tiene que ver con el socialismo auténtico
(que es sobre todo socialización de la propiedad y de la apropiación),
se ha comportado como el peor enemigo de las formas propiamente
socialistas de producción: las caracterizadas por el trabajo libre,
individual o asociado de tipo autogestionario.

Y es que desgraciadamente también en esa cierta izquierda, como en parte
de la oposición, parecen confundir capitalismo con democracia liberal y
socialismo con Estado autoritario. Cuando el capitalismo y el socialismo
no son formas de gobierno, sino sistemas de explotación de la fuerza de
trabajo, sistemas de producción.

Aunque existe una relación dialéctica entre las formas de economía
predominantes y los tipos de sistemas políticos y de gobierno, el
sistema capitalista de explotación asalariada generó formas de gobierno
más o menos democráticas, pero también engendró dictaduras y gobiernos
autoritarios.

Pero el “socialismo de Estado”, capitalismo monopolista de estado
encapuchado, el del llamado “campo socialista” que pervive en Cuba, al
mantener una economía centralizada solo podría generar un sistema
político de igual género, autoritario, con más o menos represión, pero
en definitiva autoritario y no democrático, aunque diga representar los
intereses populares y de los trabajadores y paternalmente brinde
beneficios sociales a todos.

Detrás del temor de esa cierta izquierda a la libertad plena y a la
democracia está su incapacidad para “nadar en esas aguas”, su miedo a
compartir el poder con otras fuerzas políticas y económicas que, guste o
disguste, son parte del pueblo, y está el tradicional sectarismo de la
izquierda que impide establecer alianzas políticas democráticas, a menor
o mayor plazo.

Igual encontramos el temor a que tanta basura hecha en nombre del
socialismo que nunca fue impida el renacimiento del verdadero
socialismo. Está la desconfianza en el pueblo y los trabajadores, la
desconfianza en su propia capacidad de defender un proyecto verdadero de
izquierda y, en última instancia, es el reconocimiento de su
incapacidad para generar un proyecto económico político y social que
responda a los intereses de las mayorías.

Y asoma el maniqueísmo que pretende dividir a Cuba entre izquierda y
derecha, entre capitalistas y socialistas, entre proimperialistas y
antimperialistas, entre nacionalistas y anexionistas, diseños
alimentados por el neoestalinismo para eternizarse en el poder.

Esquemas muy lejanos de la realidad porque ni toda la reconocida
izquierda apoya ni mantiene políticas de izquierda, ni toda la
reconocida derecha sostiene políticas solo de esa índole. No pueden ser
de izquierda el estatalismo asalariado centralizado, ni las posiciones
que no defienden la plena democratización de la sociedad. No son de
derecha los que impulsan la democratización y aprueban el desarrollo del
trabajo libre, privado o asociado.

Hoy los cubanos más opuestos al Gobierno norteamericano que siempre ha
representado al “imperialismo yanqui” son los grupos tradicionales de la
oposición más radical que se oponen a las nuevas políticas del Gobierno
de Obama; mientras que el gobierno autoritario que siempre consideró a
EEUU su peor enemigo y ha representado la alternativa “más
antimperialista” para una cierta izquierda ahora normaliza sus
relaciones con EEUU y aspira a que las grandes inversiones del gran
capital sean su principal aliado económico.

Igual, el nacionalismo de los “socialistas” estatales, que se opone a
establecer una alianza con el pueblo y los trabajadores cubanos, se ha
trastocado y representa un peligro de anexión virtual, al caer en la
neoplattista creencia de que será su alianza con el imperialismo la que
resuelva los problemas del “socialismo cubano”.

Por demás no es cierto que la oposición tradicional y el gobierno de
EEUU sean los que más están presionando a favor de la democracia, aunque
sí los que más se escuchan porque son los que han contado con los
medios, puesto que una izquierda de corte socialista en Cuba ha
presionado siempre a favor de la democratización política y económica
del proceso revolucionario cubano. Desde los grupos anarquistas,
trostkistas y libertarios en los mismos primeros años; pasando por los
comunistas que se opusieron en el mismo 1960 a la subordinación del PSP
a la dirección los guerrilleros de la Sierra; los que formaron la
Corriente Socialista Democrática y el Comité Cubano Pro Derechos Humanos
en los 80; hasta las más recientes tendencias socialistas como el
Observatorio Crítico y otras surgidas del propio seno del PCC, como el
Socialismo Participativo y Democrático (SPD), Nuevo Proyecto Socialista
(NPS) o Izquierda Democrática Socialista (IDS), que se han unido
recientemente en un esfuerzo desarrollar un amplio movimiento de la
Izquierda Democrática.

De manera que ese maniqueísmo que todavía defiende una cierta izquierda
no responde a la realidad política cubana, no ayuda a entenderla y
entorpece el camino hacia la necesaria democratización de la política y
la socialización de la economía.

Cada cual es libre de pensar como le parezca, pero como acaba de decir
el papa Francisco en Cuba, en su lenguaje católico traducible claramente
al político, pongamos por delante la “amistad social”, dejemos atrás
exclusiones y diferencias a fin de que todos los cubanos avancemos
juntos en las coincidencias para poder salir de esta etapa tan confusa.

Source: Avancemos juntos en las coincidencias | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1443469052_17187.html

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