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En torno al discurso de Raúl Castro en Naciones Unidas

En torno al discurso de Raúl Castro en Naciones Unidas
[30-09-2015 00:27:08]
Elías Amor
Economista

(www.miscelaneasdecuba.net).- El discurso de Raúl Castro en la Cumbre de
Naciones Unidas del pasado 26 de septiembre no cumple la máxima del gran
Baltasar Gracián que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Cierto. Un
discurso corto. Nada que ver con las peroratas de su herman. Sin
embargo, contiene una serie de ideas que la tozuda realidad se empeña,
una y otra vez, en confirmar que son erróneas. Sin embargo, a los Castro
parece darles igual. Ellos siguen con su modelo, al que no piensan
renunciar. Por dicho motivo, conviene de vez en cuando situar sus
aportaciones desde esta perspectiva.
El discurso no es baladí. Por lo pronto, se produce en el marco de una
Cumbre de lNaciones Unidas especialmente dedicada a la aprobación de la
agenda para el desarrollo después del 2015. Un asunto en el que el
régimen castrista ha decidido jugar fuerte. Desde siempre.

Las cosas que se dicen en este tipo de foros las conocen diplomáticos,
representantes de ONGs y entidades comprometidas, fundaciones, medios de
comunicación, etc, pero también las leen y analizan empresarios, hombres
de negocios, inversores internacionales, que tratan de identificar
oportunidades para sus proyectos. La realidad es que ninguno de los
argumentos esbozados por el dirigente castrista se dirigen a ellos. Por
una vez en la vida, y sin que sirviera de precedente, los asesores de
Castro le deberían haber recomendado otro enfoque. Pero no fue así.

Y por ejemplo, para empezar, ya desde la primera frase, lanzó el eterno
alegato que dice “la inestabilidad en numerosas regiones tiene sus
raíces en la situación de subdesarrollo en que viven dos tercios de la
población mundial”. No es cierto. Asociar subdesarrollo e inestabilidad
es tendencioso, apunta maneras ideológicas y escapa de cualquier
análisis de datos. Precisamente, las naciones que se encuentran inmersas
en proceso de transición hacia niveles de renta y riqueza más elevados,
son las que afrontan con mayor facilidad lo que Castro llama
“inestabilidad”. Cuestión que, además, con la globalización ha perdido
buena parte de su significado, de aquellos viejos tiempos
“revolucionarios” de mediados del pasado siglo, en los que vive anclada
la llamada “revolución castrista”.

Es falso, por ejemplo, que “los avances, quince años después de
adoptados los Objetivos de Desarrollo del Milenio, sean insuficientes y
desigualmente distribuidos. Persisten, e incluso se agravan en muchos
casos, niveles inaceptables de pobreza y desigualdad social, incluso en
las propias naciones industrializadas. La brecha entre el Norte y el Sur
y la polarización de la riqueza se incrementan”.

Precisamente ese aumento de la brecha tiene lugar en aquellos países que
apuestan por la tarta de dimensiones fijas, en vez de implementar
medidas que la hagan crecer vía mayor productividad. La realidad
económica y social va en dirección diferente a la que denuncia Castro.
En los últimos años, millones de personas, sobre todo en América Latina,
han accedido a niveles de renta e ingreso que los sitúan en las clases
medias, con un aumento espectacular de la calidad de vida y bienestar.
¿Por qué no reconocerlo? La respuesta es simple, porque la economía
castrista ha evolucionado justo en la dirección contraria. Y si se tiene
en cuenta niveles de desigualdad, lo mejor es viajar a La Habana cuanto
antes.

Para Castro, “los acaudalados y las compañías transnacionales” son los
culpables de todos los males. Y ¿cómo no? De que “no tengamos una
verdadera asociación mundial para el desarrollo, de que no menos de dos
mil 700 millones de personas en el mundo vivan en la pobreza.

La tasa global de mortalidad infantil en menores de cinco años, sigue
siendo varias veces la de los países desarrollados. La mortalidad
materna en las regiones en desarrollo es 14 veces más alta que en aquellos”.
Son culpables para el dirigente castrista porque “en medio de la actual
crisis económica y financiera, los acaudalados y las compañías
transnacionales se hacen cada vez más ricos, y aumentan dramáticamente
los pobres, los desempleados y las personas sin casa debido a crueles
políticas llamadas “de austeridad”. Oleadas de inmigrantes desesperados
arriban a Europa huyendo de la miseria y de los conflictos que otros
desataron”.

Ver la paja en ojo ajeno es casi siempre lo peor que se puede hacer en
este tipo de foros. Es lo que siempre han hecho desde 1959. Cualquiera
de esos efectos perversos provocados por los “acaudalados y las
compañías trasnacionales”se han producido, de manera alarmante, en la
economía castrista, que ha expulsado a más de dos millones de cubanos al
resto del mundo en búsqueda de un futuro mejor. Además, con este tipo de
mensajes, Castro no hace otra cosa que quemar su política de inversiones
extranjeras, ya que con enunciados de este calibre, no es fácil
encontrar a quienes quieran confiar su dinero a alguien con este tipo de
pensamientos.

Raúl Castro afirma que la única forma de lograr “un mundo habitable, de
paz y concordia entre las naciones, de democracia, justicia social,
dignidad y respeto a los derechos humanos de todos” debe basarse en
“adoptar cuanto antes compromisos tangibles en materia de ayuda al
desarrollo y solucionar el problema de la deuda ya pagada varias veces”,
se debe hacer justo con el tipo de medidas que son contrarias a ello.

Él propone, por ejemplo, “construir otra arquitectura financiera
internacional, eliminar el monopolio tecnológico y del conocimiento, y
cambiar el orden económico internacional vigente”. Ni más ni menos. Lo
necesario para acabar destruyéndolo todo. Lo mismo que hicieron en Cuba,
pero a escala mundial.
Además, no contento con poner fin al modelo económico y social que
existe en el mundo, Raúl Castro quiere que “los países industrializados
acepten su deuda histórica y ejerzan el principio de “responsabilidades
comunes pero diferenciadas”. Y abunda más en esta cuestión, al señalar,
que “no puede esgrimirse como pretexto la falta de recursos cuando se
invierten 1,7 millones de millones de dólares anuales en gastos
militares, sin cuya reducción no serán posibles el desarrollo ni una paz
estable y duradera”. Más de lo mismo.

Y para concluir, qué mejor que una referencia concreta al enemigo de
siempre, el imperio. En esencia, Raúl Castro califica de “importante
avance”, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y
los Estados Unidos, la apertura de embajadas y los cambios que el
presidente Barack Obama ha declarado en la política hacia Cuba,
resaltando el amplio apoyo internacional.

Pero, y aquí es donde viene la segunda parte, casi siempre mala, añade
que “persiste el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba,
por más de medio siglo, el cual causa daños y privaciones al pueblo
cubano, es el principal obstáculo para el desarrollo económico de
nuestro país, afecta a otras naciones por su alcance extraterritorial y
continúa perjudicando los intereses de los ciudadanos y las compañías
estadounidenses”. Casi nada. Tras un alegato de estas características,
¿qué mas se puede decir en un foro internacional como Naciones Unidas?

Pues sí. Se puede reafirmar la orientación ideológica y política de un
régimen que se mantiene, pese a todo y a todos. En palabras de Castro,
“no renunciaremos jamás a la dignidad, la solidaridad humana y a la
justicia social, que son convicciones profundas de nuestra sociedad
socialista”. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Source: En torno al discurso de Raúl Castro en Naciones Unidas –
Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/560b103c3a682e0c749a680d#.VgvLvnqqqko

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