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Desde fuera una Cuba, desde dentro otra

Desde fuera una Cuba, desde dentro otra
“Me gusta Cuba porque no existe consumismo, como en mi país”, dice Peter
miércoles, octubre 14, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.-“Me gusta Cuba porque la gente es sencilla y es una
sociedad donde no existe el consumismo, como en mi país”, me dice Peter,
un canadiense que solo ha visitado Cuba en dos ocasiones y en calidad de
turista. Su experiencia se limita a lo que ha podido experimentar en sus
pocos días de estancia y en el radio de pocos metros que ha alcanzado a
recorrer cuando regresa a su hotel, después de su jornada de playa y sol.

Desde la ventana de su habitación o desde una tumbona en la arena de
Varadero, sin libreta de racionamiento y con una tarjeta de crédito en
el bolsillo, para Peter así como para miles de visitantes foráneos que
se han tragado el anzuelo del tradicional discurso del gobierno cubano,
el socialismo es una alternativa política paradisíaca contra ese
capitalismo despiadado que, si bien les ha permitido pagarse unas buenas
vacaciones en el Caribe, no es una experiencia social recomendable para
esos cubanos de a pie, muy mal vestidos y hambrientos pero, al parecer,
felices con sus miserias cotidianas.

“Si hay algo que me encabrona es oír a un turista hablando de las
maravillas de Cuba. Se ve bien que ninguno de ellos tiene que pasar el
trabajo que pasamos nosotros”, me dice Rosana, una vecina que ya no
soporta esos reportajes que se han puesto de moda en la televisión
cubana ni aquellos otros programas, algunos de factura norteamericana,
donde se habla de autos antiguos y pintoresquismo tropical pero que
silencian la verdadera esencia trágica del “exotismo” cubano.

“El que hace lo que hago yo, no lo hace por loco ni por cochino ni ocho
cuartos”, dice Aurelio, un jubilado que sobrevive hurgando en los
vertederos, a pesar de haber trabajado desde joven en decenas de
“programas económicos de la revolución” que le prometieron un futuro de
sosiego: “Tengo que hacer esto porque si no me muero de hambre,
literalmente me muero de hambre”.

Al igual que Aurelio, Santiago, un anciano limpiabotas, habla de sus
tantas decepciones después de muchos años esperando ese progreso que le
prometieron a cambio de su sacrificio personal: “El escachao, ese es el
verdadero cubano, el que no tiene familia en el Yuma [Estados Unidos]
que le mande guaniquiqui [dinero], el que vive de lo que viene a la
bodega y el que no tiene un salao ventilador para echarse fresco por las
noches ni veinte pesos para comprar las pastillas para la diabetes (…).
Corté caña, cuando lo de los Diez Millones; sembré café en las lomas;
estuve en no sé cuántas movilizaciones y ¿qué pasó?, nos comieron por
una pata con eso del socialismo y el comunismo, y que el capitalismo era
terrible. Pero ¿y qué cosa es esto? Porque socialismo no es. Hoy tenemos
más pobreza y más hambre que antes, y aun así dicen que seguirán
construyendo el socialismo, ¡no jodan! Yo era limpiabotas antes de la
revolución y me dijeron que botara el cepillo y el betún y mira si hice
bien en guardarlos”, exclama el anciano que continúa protestando
mientras lustra los zapatos de un extranjero.

“Que las tiendas estén vacías y la gente mal vestida o que terminen
comprando lo que haya en ese momento no quiere decir que la gente sea
sencilla o contraria al consumismo. El cubano es tan o más consumista
que cualquiera. Incluso aquí es mucho más terrible, hay gente que no
come por tener el último celular o celebrar unos 15 y todo eso, primero,
por el destape después de tantos años de prohibiciones y, segundo, por
el choque entre las grandes diferencias sociales y la falsa idea de
igualitarismo con que juegan con nosotros allá arriba”, opina Maydiel,
un estudiante de Economía: “Los extranjeros tienen metido en sus cabezas
el mito del cubano como el Buen Salvaje. Es decir, para los turistas
somos así porque queremos, porque somos así y no porque estamos
obligados por un sistema político. El gobierno manipula hacia el
exterior con ese discurso sobre la candidez del cubano mientras que,
hacia el interior, siembra el pánico hablando del monstruo capitalista
pero mientras tanto le tiende la alfombra roja y recibe a ese “dañino
producto capitalista”, que son los turistas y los empresarios yanquis,
con música de maracas y traguitos de daiquirí. Si son tan peligrosos,
¿entonces por qué nuestra economía depende de ellos? Señores, dejen ya
ese cuento del socialismo. No sirvió allá en Europa, no sirve aquí y
está siendo un desastre en Venezuela (…). El cubano de a pie, incluso
los que ganan miles de dólares al mes tienen ganas de que a Cuba se la
trague el capitalismo de una vez”.

Hace unos días, cuando conversaba con la fotógrafa y cineasta alemana
Kirstin Schmitt sobre la obra que expone por estos días en La Habana, la
artista me relataba sus experiencias personales que le hacían tener una
visión idílica del país, sin embargo, reconocía que, como extranjera,
había una perspectiva o varias sobre Cuba que le hacían difícil definir
la realidad, narrarla, atraparla en sus fotos. “Es una realidad muy
dura, detrás de la felicidad del cubano siempre se esconde algo trágico,
algo oscuro”, me decía cuando intentaba explicarme el porqué del blanco
y negro y la poca luz que empleaba en sus fotos sobre la cotidianeidad
del cubano. Según me confesó, ella jamás había reparado en ese detalle
hasta que le hice la pregunta.

Source: Desde fuera una Cuba, desde dentro otra | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/desde-fuera-una-cuba-desde-dentro-otra/

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