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Psicoterapia destructiva

Psicoterapia destructiva
VERÓNICA VEGA | La Habana | 6 Abr 2016 – 8:17 am.

Leyendo las palabras de Fidel Castro a propósito de la visita del
presidente Barack Obama, y comparándolas con el discurso del mandatario
norteamericano, es innegable el contraste. Como de la noche al día.

He recordado a un ex vecino que emigró a Miami, y en el proceso de
decepción de la situación política en Cuba, adquirió un pasatiempo.
Siendo suscriptor del periódico Granma, lo recibía cada mañana. Del
hábito de leerlo pasó a leer entre líneas. Y de éste a notar y circular
las palabras que tenían una carga negativa.

El resultado era escalofriante. Y si esto, que pasó hace unos años, es
triste, más lo es ver que el ex presidente cubano, a estas alturas de la
historia, y de su vida, sigue destilando rencor y envenenando la
voluntad de sus ciudadanos.

Hace unos días una artista colombiana comentaba que en España ha surgido
un movimiento de padres que protesta por la educación estatal, con el
argumento de que no genera valores morales. Los padres cubanos
tendríamos muchos motivos para protestar con solo tomarnos en serio el
adoctrinamiento que se nos impuso y se impone a nuestro hijos y nietos
en la “gratuita” educación que reciben.

Por ahí circula un audiovisual filmado por algún extranjero, donde se
ven los preparativos para una fiesta en un círculo infantil. Las
“educadoras” muestran unos carteles que “adornan” la estancia,
explicando al turista el contenido de éstos y añadiendo con cándido
orgullo que los niños cubanos, ya desde los cuatro años, conocen el
“concepto de Revolución”. Niños que apenas empiezan a ser conscientes
del mundo y la sociedad. No saben qué es una revolución y mucho menos
qué es la política.

Crecí viendo carteles de increíble carga belicista, como la antológica
disyuntiva: “Socialismo o Muerte”. Oyendo hablar de enemigos eternos e
irreconciliables, de invasiones mercenarias que jamás llegaron, mientras
las calles se rompían, las casas se desplomaban (todavía se desploman),
y mi bella ciudad iba mostrando las secuelas de una verdadera guerra.

El propio emblema de la Unión de Jóvenes Comunistas,
“Estudio-Trabajo-Fusil”, deja entrever el modelo de sociedad que
propone: materialista, paranoica, beligerante. No tiene en cuenta la
necesidad de la recreación, del progreso, y mucho menos de la
realización personal.

Recuerdo a una joven profesora de español escandalizada por un cartel
que había leído donde se enunciaba que los cubanos antes de ser
derrotados, preferíamos ser “masacrados”. Alegaba que quien lo concibió
no estaba consciente de todo el horror latente en el verbo “masacrar”, y
se preguntaba con qué derecho se esgrimen semejantes consignas en nombre
de los demás.

Cuando mi hijo estaba en la secundaria, el lema que los obligaban a
repetir cada día rezaba: “Si de la sangre de un pionero depende nuestra
soberanía, comandante en jefe, ordene: puede contar con la mía.”

El Estado de un país contando hipotética o metafóricamente con la sangre
de menores de edad, sin el consentimiento de sus padres. Disponiendo de
sus infantiles vidas para una guerra supuesta, en nombre de una supuesta
soberanía.

Pero en Cuba nadie se toma nada en serio, mucho menos un lema que los
mismos niños dicen sin pensar, o fingen decir mientras solo mueven los
labios sin producir sonidos.

Puesto que nada es de nadie, puesto que nunca hemos sido realmente
soberanos, (como nación siempre hemos dependido de algún país y como
individuos dependemos casi íntegramente del Estado), la única forma de
protestar sin perder lo poco que tenemos es justo desestimar la gravedad
de todo. Nada merece nuestra protesta pero tampoco nuestra devoción, ni
nuestro esfuerzo sincero.

Que los jóvenes de Cuba no están dispuestos a dar su sangre por una
soberanía abstracta, lo prueba el largo éxodo, el entusiasmo con que
acogieron la reconciliación con el “enemigo imperialista” y la
espontánea y cálida acogida al presidente Obama.

Porque en lugar de recordar a “los que han muerto en los ataques
mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de
pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias,
múltiples actos de violencia y de fuerza” (sucesos que ni siquiera
pertenecen a su tiempo), quieren salarios dignos, acceso a Internet,
facilidades para crear empresas, expresarse libremente, paz y prosperidad.

Quieren “vida” en lugar de “Socialismo o Muerte”.

Source: Psicoterapia destructiva | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1459890585_21468.html

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