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Abogados y periodistas en peligro

Abogados y periodistas en peligro
HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES | La Habana | 8 de Noviembre de 2016 – 06:48
CET.

Hay dos profesiones molestas para el Gobierno cubano. Una es la de
abogado, carrera destinada solo a personas fiables desde el punto de
vista de la policía política.

Sin embargo, una vez egresados de las aulas, los graduados de Derecho
adquieren el mal hábito de cuestionarlo todo, y la preparación recibida
los convierte en críticos implacables, aptos para asimilar nuevos
conocimientos, interpretarlos según sus propios criterios y, de ser
necesario, aplicarlos o al menos tratar de hacerlo en las condiciones
particulares que les toca vivir. El Derecho para ellos deja de ser
socialista y se convierte en Derecho a secas, y es en ese momento cuando
ya no son fiables y se vuelven un peligro para los intereses de los
gobernantes.

De nada vale que hayan sido militantes, cederistas, hijos de familias
revolucionarias, integrados a las tareas de la revolución y pioneros
moncadistas, la carrera de Derecho es una carrera conflictiva. Los
iniciadores de la guerra de 1868 eran abogados. Los de Bayamo, Camagüey,
La Habana y cualquier otro lugar de la Isla, hacendados, terratenientes,
hombres de negocios, todos estudiaron esa profesión. Una vez en el
poder, Fidel Castro lo pensó mucho para reabrir la Facultad de Derecho.

Los periodistas por su parte, no tenían una Facultad de Periodismo, lo
cual vino después como un mecanismo más para garantizar el control
sobre la prensa. Los que hoy se dedican al periodismo independiente no
necesariamente han realizado estudios universitarios; algunos sí, otros
han pasado cursos patrocinados por la Universidad Internacional de la
Florida que los han dotado de las herramientas apropiadas para redactar
una noticia o un artículo de opinión, investigar y hacer periodismo
digital valiéndose de las nuevas tecnologías de la información y las
comunicaciones.

No obstante esta preparación y la práctica constante como periodistas
independientes que colaboran con diversos medios, la policía política,
la prensa oficial y el Gobierno comunista en pleno, argumentan que si no
asistieron a la Facultad de Periodismo de alguna universidad de la Isla,
no son verdaderos periodistas.

En la historia de Cuba y en el mundo sobran los ejemplos de renombrados
periodistas que jamás estudiaron periodismo como carrera universitaria:
Ernest Hemingway, José Martí, Mark Twain, Juan Gualberto Gómez, Gabriel
García Márquez, Pablo de la Torriente Brau, Julius Fucik, Jorge Mañach,
José Zacarías Tallet, etc. De izquierdas y de derechas, premios Nobel y
Pulitzer, patriotas y aventureros, y todos, sin importar su filiación
política, magníficos escritores, diestros en el arte de narrar, que no
se aprende en la universidad sino escribiendo, porque tenían algo en
común que era la necesidad de contar lo que veían.

Con ese argumento tan fútil se pretende desacreditar a la prensa
independiente cubana. No hay otro válido. Para colmo, un experiodista
independiente caído en las redes de la Seguridad del Estado, por alguna
razón que solo él y sus dueños saben, es hoy admitido como periodista en
la prensa radial oficial y es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba
(UPEC). Todo eso a pesar de que su calidad como redactor nunca fue
encomiable y de que jamás ocupó un asiento en ninguna universidad.

Otro argumento igualmente ridículo es el de que los periodistas
independientes cobran por sus trabajos publicados, al igual que
cualquier otro periodista en el mundo, incluidos los del periódico
Granma y la emisora Radio Reloj.

Si los periodistas independientes cubanos pudieran publicar con libertad
dentro de su país, no habría necesidad de acudir como casi única opción
a medios radicados en el extranjero, para dar noticias o expresar
opiniones que en resumidas cuentas atañen en primer término al pueblo de
Cuba y a su Gobierno.

El ataque que el Gobierno cubano lleva a cabo en este momento contra
abogados y periodistas independientes, es reflejo de la impotencia
gubernamental porque, universitarios o no, estos dos grupos de la
sociedad civil no se callan y denuncian, investigan, asesoran y dan
consejo en un país donde las autoridades no respetan las leyes, y los
profesionales de la palabra son perseguidos como criminales,
estigmatizados, amenazados por la policía y agredidos por pandillas
parapoliciales.

Source: Abogados y periodistas en peligro | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1478203644_26467.html

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