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Castrismo – más rasgos fascistas que nunca

Castrismo: más rasgos fascistas que nunca
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 3 de Noviembre de 2016 – 09:38 CET.

La política del presidente Barack Obama de hacerles concesiones
unilaterales a los Castro los ha envalentonado de tal manera que la
dictadura cubana se parece ya más a los regímenes fascistas del siglo
pasado que a cualquier otra cosa imaginada por Marx, Lenin, Mao, o el
Che Guevara.

Lejos de estar derivando hacia un modelo más abierto económicamente y
menos brutal con su pueblo, que se suponía era el objetivo del
acercamiento norteamericano, el régimen se está convirtiendo en un
modelo social basado en la propiedad corporativa de las fuerzas armadas
y en la represión rampante. Tal protagonismo militar directo y
desmesurado en la economía es un claro rasgo fascista.

La economía cubana está dejando atrás aceleradamente el andamiaje
marxista-leninista instalado por el Che Guevara en los años 60, por
encargo de Fidel, basado en un plan central trazado en la JUCEPLAN, que
debía ser ejecutado por la burocracia civil de las llamadas “empresas
consolidadas”, a cargo de las fábricas, el comercio, el transporte y los
servicios.

Aquellas entidades estatales estaban sujetas a un estricto presupuesto,
convoyado por la “emulación socialista”, los estímulos morales
(banderitas y gallardetes colectivos), y el trabajo voluntario para
forjar el “hombre nuevo”.

Ya no hay “consolidados” civiles. Hoy más del 80% de la planta
industrial, del comercio y de los servicios de la nación es, de hecho,
propiedad directa de las fuerzas armadas, que ya controlan el total de
los ingresos en divisas, y el turismo del país.

Las empresas guevarista-estalinistas van siendo sustituidas por grandes
corporaciones, grupos empresariales y compañías controladas por las
fuerzas armadas, algunas asociadas con inversionistas extranjeros, y a
cargo de generales y coroneles u oficiales retirados del MININT.

El general Castro, en sus breves y muy escasos discursos, no menciona
a Marx o Lenin, ni teoriza sobre las musarañas de un “futuro luminoso”,
como hacía su hermano. Prefiere cosas más mundanas. Se dedica a afianzar
el control de la economía por parte de su familia y de las fuerzas armadas.

Todas las empresas en poder de los militares operan bajo leyes y métodos
de gestión capitalista, pero para beneficio de ellos mismos y de la
elite dirigente del país, y no del pueblo cubano, y ni siquiera del
Estado, pues no rinden cuentas al Gobierno. Eso facilita disponer de
millonarias cuentas en bancos suizos y hacer inversiones en Occidente,
incluso en EEUU, lo cual es más práctico que filosofar o hablar de Lenin.

Mientras tanto, como dijo recientemente el diario The Washington Post,
la política de Obama hacia la Isla consiste en decirle a Raúl Castro que
haga lo que venga en ganas, pues “ningún nivel de represión podrá
descarrilar” el acercamiento a La Habana.

El modelo raulista, aún empotrado en los restos de un estatismo
estalinista resquebrajado y con un Partido Comunista en el que ya nadie
cree, es estrictamente militar y con ribetes fascistas. Se viste de
civil para venderse como inocente Caperucita y no como Lobo.

Los Castro detestan oír hablar siquiera de “empoderar” a los
cuentapropistas. Esos son peligrosos competidores que obstaculizan los
planes de monopolizar todo lo que puedan de los distintos sectores de la
economía nacional. Generales, coroneles, comandantes y sus familiares
quieren ser ellos solos quienes se enriquezcan en grande al hacer
negocios de tipo capitalista, por ahora con cualquier comerciante,
turista o inversionista extranjero, y luego con los norteamericanos
cuando se levante el embargo.

No al desarrollo de negocios privados

Una evidencia de militarización económica es la decisión del Gobierno
de suspender la entrega de licencias para abrir nuevos paladares en La
Habana, y arreciar los controles que padecen sus propietarios. Ello se
debe, pretextos aparte, a que los restaurantes y cafeterías privados
constituyen la actividad privada más exitosa que hay en el país
actualmente.

El turismo se incrementa constantemente, y los Castro perciben que si
dejan crecer al sector gastronómico privado luego será muy difícil
competir con él. Consideran que un “exceso” de restaurantes privados es
una amenaza para sus planes de controlar el muy dinámico sector
gastronómico.

Claro, el Estado ya no tiene cómo sustituir a los paladares. Prohibir su
proliferación afectará la oferta gastronómica al turismo, que crece
ahora muy rápidamente. Eso es cierto, pero la ambición y el deseo de
controlarlo todo de los Castro es irracional. No solo no quieren más
restaurantes privados exitosos, sino impedir que se desarrolle en
grande cualquiera otra actividad privada en la Isla. Y punto.

La represión política en la Isla es otro rasgo fascista más nítido que
antes. El general Castro no pronuncia discursos narcisistas
inacabables, pero sí sigue la táctica que aprendió Fidel en sus
estudios de Hitler, Mussolini y Primo de Rivera cuando era estudiante de
bachillerato en el Colegio de Belén: alimentar el odio de las “masas”
contra un supuesto enemigo.

Odiar a un enemigo imaginario

Como ya a estas alturas nadie en la Isla cree en Marx, Lenin y el
comunismo, el dictador acude a una palanca casi infalible para
movilizar a las “masas”: el rechazo al “imperialismo yanqui”, que ahora
el régimen asegura cambió de estrategias para minar la revolución desde
dentro. Esto explica el actual frenesí de propaganda política y
patriótica, no visto desde que el general Castro asumió como nuevo
faraón en jefe.

En la Alemania y la Italia de los años 30 sus gobiernos fascistas
sembraban en la población el odio a un enemigo imaginario interno o
externo, para exacerbar el nacionalismo y el patriotismo. Para ello era
esencial la desinformación, la propaganda más delirante y la represión
política. El Estado paternalista intervenía en todos los aspectos de la
vida del individuo, al que liberaba así de su “miedo a la libertad”, al
decir del psicólogo alemán Erich Fromm. No había derechos individuales.

En Cuba, el PCC (para eso sí sirve) acaba de lanzar estridentes campañas
propagandísticas de loas a la “Patria socialista” y de ataques contra el
“imperio”. Una de ellas, la “Jornada de debate por el deber patrio y
antimperialista”, se prolongará hasta el 15 de marzo de 2017 y tuvo como
ejercicio preparatorio una audiencia en la Asamblea Nacional denominada
“El pueblo de Cuba contra el bloqueo”.

Paralelamente fueron movilizados miles de jóvenes en todas las
universidades del país en una campaña llamada “Avispero contra el
bloqueo”. Y la obediente Unión Nacional de Escritores y Artistas
(UNEAC) dijo que EEUU impulsa una “guerra cultural” contra Cuba. En
tanto, el primer vicepresidente del Gobierno, Miguel Díaz-Canel llamó a
los estudiantes cubanos a saber enfrentar “los desafíos que supone la
avalancha mediática del imperio”.

En fin, la Administración Obama no acaba de entender que no importa lo
que le conceda a La Habana, el castrismo jamás va a normalizar las
relaciones con EEUU y nunca será aliado de Washington. Siempre va
estar alineado con los enemigos de EEUU: Rusia, China, Irán, Venezuela,
Corea del Norte, Siria y todo el polo geopolítico que se opone a la más
antigua democracia del planeta.

Con la actual política, que al parecer será la misma de Hillary Clinton
si llega a la Casa Blanca, EEUU fortalece políticamente al régimen
cubano y perpetúa la falta de libertades. Ese será el verdadero legado
de Obama. Sí, reanudó las relaciones diplomáticas con Cuba y convirtió
en un colador al embargo comercial y económico a la Isla. Pero al precio
de coadyuvar a un traspaso más cómodo del poder de los vetustos “héroes”
de la Sierra Maestra a la familia de los Castro y el generalato más
joven, sin avance alguno en las libertades para los cubanos.

Irónicamente, Obama pasará a la historia como el presidente
norteamericano que contribuyó a que la dictadura castrista adquiriese
rasgos militares más nítidamente fascistas que nunca.

Source: Castrismo: más rasgos fascistas que nunca | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1478162299_26240.html

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