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Fidel Castro, el mito creado para sí mismo

Fidel Castro, el mito creado para sí mismo
20 de noviembre de 2016 – 13:11 – Por Luis Leonel León

Desde 1959, una de las ganancias de este caudillo de los desposeídos del
Tercer Mundo ha sido su prolífica producción de mitos

La pasada semana disfruté un documental que me hizo reflexionar sobre
una realidad histórica: Fidel Castro, además del hábil dictador de la
isla de Cuba, sigue siendo uno de los grandes mitos de la izquierda
contemporánea, sobre todo en Latinoamérica. Y es curioso cómo, a
diferencia de otros casos más famosos y mucho menos dañinos, se trata de
un mito creado por y para sí mismo.

Desde 1959, una de las ganancias de este caudillo de los desposeídos del
Tercer Mundo ha sido su prolífica producción de mitos, aún latentes, y
que seguramente no serán erradicados fácilmente. Mitos muy peligrosos,
edificados primeramente con el objetivo de conquistar el absoluto
dominio en su país, y luego, ya habiéndose adueñado de todos los poderes
e instaurado un sistema totalitario, para justificar su injustificada
permanencia en el poder.

Varios de los mitos de Castro han sido tan efectivos como tan repetidos
una y otra vez durante décadas, dentro y fuera de la isla, y no sólo por
la maquinaria propagandística al servicio del castrismo, al estilo del
maquiavélico Joseph Goebbels, sino también por medios de comunicación de
la izquierda mundial, intelectuales y agrupaciones, seguidores
incondicionales de grandilocuentes causas sociales, artistas
desinformados, políticos tan embusteros como él, empresarios a la caza
de beneficios comerciales, secuaces del sistema, y gente común, que
escucha mansamente, sin razonar o pensar dos veces, las declaraciones,
sofismas y justificaciones de la batalla de ideas del régimen que
encabezó, hasta que por problemas de salud le entregó las riendas del
país a su hermano Raúl Castro.

Y es tan así que, aún en el exilio, hay cubanos que siguen atrapados de
alguna u otra manera en los laberintos de la deformación y la
manipulación histórica de Castro. Y no hablo de los agentes infiltrados
durante décadas en todos los ámbitos, desde centros de enseñanzas hasta
centros de poder, ni de los cooperantes por cuenta propia del
totalitarismo, que en los últimos años pululan, a bien del mal llamado
intercambio cultural, el restablecimiento de las relaciones
gubernamentales Cuba-EEUU, la repatriación y otros mitos estratégicos.
Hablo de cubanos que, ya sin afiliación o simpatía por la Revolución,
por una venenosa mezcla de ignorancia y ausencia de juicio crítico, aún
no han logrado escapar, y quizás muchos jamás logren hacerlo, de los
embustes de Castro.

Un amigo médico a veces me dice, ironizando, que es como un karma en los
genes del cubano nacido dentro de la Revolución. Y casi tiene razón. Es
como la condición de ese Hombre Nuevo esencialmente mentiroso, que
conoce la mentira pero que sigue viviendo en ella, sin moral, sin ni
siquiera una legitima ideología, ahora reformulado en las también
míticas reformas de Raúl Castro, que no acaban de llegar, a pesar de
llevar años amagando con ellas.

Pero como sucede con todos los mitos, sus utópicos fundamentos son
esencialmente ficciones, casi siempre orquestadas a partir de hechos
supuestamente reales. Unas veces de manera perspicaz, otras de forma
pedestre, pero que sin duda han sido efectivas en su momento y aún
siguen teniendo éxito. Una especie de victoria negativa, de fracaso
transfigurado en triunfo, pues contrario al empecinado catolicismo de mi
madre, creo que en el mal sí hay inteligencia. De lo contrario, los
malos no durarían tanto en ser vencidos por los buenos. Entre ellos,
Castro y su terrible industria de mitos.

¿Pero por qué tantas personas no escapan de una vez de la telaraña de
esta mitología? La respuesta está en una venenosa ecuación donde se
funden al menos tres importantes elementos: primeramente la
desinformación que aún existe sobre la realidad cubana. Luego porque
gracias a las campañas y los cuantiosos grupos y eventos de apoyo a la
Revolución, no creen que sean mitos, embustes aferrados o cogidos con
pinzas a ciertos elementos de la realidad. Y finalmente, porque la
mayoría de los medios de comunicación en el mundo, a veces incluso
intentando reprobar la dictadura, no hacen más que favorecer su propaganda.

Eso bien lo sabe el cineasta cubano Jorge Sotolongo, que acaba de
estrenar Los mitos de Castro, un documental que es consciente de que la
mayor herramienta del castrismo, muy a la par de la represión sicológica
y mediática, ha sido fomentar y alimentar exitosas mezclas de mentiras y
verdades. Para Sotolongo la Revolución Cubana es una gigantesca factoría
de embustes, que por desgracia, y por la colosal maquinaria de
propaganda internacional que tiene detrás, mucha gente se cree alrededor
del mundo. Los mitos de Castro no sólo habla de ese fenómeno, sino que a
la par desenmascara, por primera vez, varios de esos mitos, esas grandes
mentiras edulcoradas.

Este documental es el segundo de una serie de tres. El primero, Los
secretos de Castro, con entrevistas a exagentes de la Seguridad del
Estado que hacen substanciales revelaciones. Y el tercero, La verdadera
vida de Fidel Castro, escrito por Carlos Alberto Montaner, que espera
estrenar pronto. Aunque también sueña con hacer La economía según
Castro, una antología de los disparates nacidos de la fértil cultura
económica del caudillo.

Quienes deseen conocer las verdades de la Revolución cubana, sin duda,
agradecerán estas historias y reflexiones que se complementan para
desentrañar los mitos de Castro: una empresa espantosa.

Source: Fidel Castro, el mito creado para sí mismo | Cuba, Fidel Castro

www.diariolasamericas.com/america-latina/fidel-castro-el-mito-creado-si-mismo-n4108231

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