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La vida te da sorpresas cubaNOlógicas

La vida te da sorpresas cubaNOlógicas
A estas alturas el cubano ha podido comprobar el limitado alcance de las
reformas económicas, y ha llegado a la conclusión de que Raúl Castro no
es lo mismo, pero es igual que su hermano Fidel
Arnaldo M. Fernández, Broward | 05/11/2016 12:39 pm

La nación se enriquece con análisis y más análisis bien apostados fuera
de la Isla de Cuba pintoresca. Sirva de ejemplo la calicata del
historiador Rafael Rojas en el sitio arqueológico del orden político
castrista. Los resultados salieron el 25 de octubre de 2016 en
entrevista para el periódico madrileño ABC. Enseguida repicaron las
campanas del ciberespacio cubiche con el sorprendente titular: “Rafael
Rojas descarta ‘un cambio de régimen’ en Cuba ‘de aquí a 2018’”.
Tal descarte deja pasmado por la sorpresa al cubano de a pie, quien
luego de casi seis décadas de castrismo corriente aguardaba un cambio de
régimen en el plazo históricamente significativo de menos de un añito y
medio entre este otoño y el re-ensamblaje de la Asamblea Nacional hacia
febrero de 2018.
Esta esperanza de cambio acaba de reforzarse con el acto más
trascendental en la historia del movimiento obrero desde los tiempos de
Lázaro Peña y Eusebio Mujal: la fundación de la Asociación de
Sindicalistas Independientes, calificada por su líder, Iván Hernández
Carrillo, como “gran coalición [de] tres organizaciones históricas”: el
Consejo Unitario de Trabajadores, la Confederación Obrera Nacional
Independiente y la Confederación de Trabajadores Independientes”.[1]
El arte de la espera
Rojas también abriga esperanzas. Nada más que salieron a discusión los
Lineamientos de la Política Económica y Social (2010) elaborados por el
único partido, Rojas sorprendió a todos con que podían “ser utilizados
por opositores y reformistas para presionar a favor del cambio”. Ahora
reveló una esperanza compartida: “Lo que no esperábamos ni los analistas
ni los actores internacionales involucrados es que se interpusiera un
freno tan evidente a las reformas económicas que comenzó Raúl Castro,
sobre todo entre 2012 y 2013”.
El cubano de a pie, que ni por asomo domina el arte de la espera como
Rojas y los demás antemencionados, queda otra vez pasmado por la
sorpresa. Tras haber oído en el verano de 2013, siquiera de pasada por
televisión, las peroratas de Marino Murillo en el VII Congreso de la
Asociación Nacional de Economistas de Cuba (ANEC) y en la Asamblea
Nacional, el cubano de a pie esperaba tan solo que las reformas
económicas llegaran hasta dónde la elite gobernante considerara para
seguir afincada el poder, tal como había sucedido ya con los mercados
campesinos y otras medidas que duraron hasta que el Comandante mandó a
parar.
Al precisar Murillo que las empresas estatales pagarán menos impuestos
que las cooperativas y las cooperativas, menos que los cuentapropistas,
el cubano de a pie se atuvo al refrán dime a quien gravas con impuestos
y te diré qué alcance tienen las reformas, para concluir que Raúl no es
lo mismo, pero es igual que Fidel.
El cubano de a pie no ve más allá de sus narices, en tanto que la
calicata de Rojas tiene tanta hondura analítica que llega hasta el
futuro en posible erupción: “Podrían darse ciertos movimientos en el
sentido de una distribución un poquito mayor del poder político”. Y el
régimen podría moverse incluso hacia el “modelo de partido hegemónico”.
Aquí el cubano de a pie queda más abrumado todavía por la sorpresa. Él
suponía que la dictadura de partido único presuponía el poder político
como monopolio del único partido, sin que importe mucho cómo los
animales políticos de la misma camada se reparten los poquitos de poder
entre ellos. Y como partido hegemónico presupone a su vez otros
partidos, el cubano de a pie se queda en babia, porque su imaginación
sociológica no da para concebir cómo el régimen de partido único en el
poder se movería al ejercicio de la política con otros partidos, aunque
fueran lucecitas para escena.
Desde luego que el cubano de a pie no puede calar tan hondo en el
análisis, sobre todo si esta cala de Rojas en el futuro solo tiene
parangón con la altura del listón testimonial que Guillermo Fariñas puso
en mayo de 2013 delante del staff de los heraldos anglo e hispano de
Miami: que asesores de Raúl Castro habían sugerido admitir quince o más
disidentes en la Asamblea Nacional.
No en balde el cubano de a pie queda nuevamente sorprendido al ahondar
Rojas en la esperada sucesión de poderes de 2018: “Habrá que ver si
favorece a un líder civil, de la corriente presumiblemente reformista, o
si refuerza el poder militar más inmovilista o el poder burocrático del
partido”.
El cubano de a pie, pobrecito, no entiende bien esa tripartición líder
civil-poder militar-burócrata del partido. Para él, todo líder civil es
militar reservista y militante del único partido. Y sobre que el sucesor
ya estaba cantado: Miguel Díaz-Canel, quien, como vicepresidente
primero, por simple imperativo constitucional, sucedería ahora mismo a
Raúl Castro si este muriera o quedara bobo de repente.
Coda
Precisamente por dar sorpresas al cubano de a pie, los analistas son
absolutamente imprescindibles para llevar al pueblo las luces de la
ilustración política.
[1] En línea con la tradicional estrategia opositora que tan buenos
resultados viene arrojando, la gran coalición sindical se abstuvo de
divulgar su número de afiliados, pero sí soltó que formará parte de la
Alternativa Sindical para las Américas y el Caribe, que tendrá su primer
congreso en Colombia hacia mayo de 2017, al cual Hernández Carrillo y
otros ya están invitados.

Source: La vida te da sorpresas cubaNOlógicas – Artículos – Opinión –
Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-vida-te-da-sorpresas-cubanologicas-327530

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