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No quiero dar un ‘show’ mediático

“No quiero dar un ‘show’ mediático”
ELIÉCER ÁVILA, La Habana | 04/11/2016

¿Cuántas veces hemos oído la frase “no quiero dar un show mediático”,
sobre todo dicha por personas que han sido víctimas de abuso
institucional en Cuba? Pareciera que existe una noción generalizada de
que publicar un problema obstaculizará su solución. ¿Es esto cierto
realmente? No en mi experiencia.

Es verdad que el solo hecho de compartir con la opinión pública
determinada situación no es un acto de magia que nos exonera de
cualquier frustración o sufrimiento, pero también es un mito creer que
irá todo mejor si “no sale nada en internet” o en “la prensa de allá
afuera”. He conocido casos en que dirigentes inescrupulosos han
pisoteado la dignidad de trabajadores de las más diversas ramas sin que
sobre ellos caiga el mínimo peso de la ley y mucho menos el juicio moral
de la opinión pública, pues cuando los abusos se cometen bajo el amparo
del silencio, las víctimas sufren el doble y los victimarios quedan
ilesos para seguir cometiendo sus fechorías.

Como no soy dado a basarme en historias demasiado antiguas o lejanas,
mencionaré algunos hechos recientes que reafirman esta falsa percepción.
Hace tan solo unos meses fue despedido Omar Everleny Pérez del Centro de
Estudios de la Economía Mundial, adscrito a la Universidad de La Habana.
Salvo informaciones de terceros y algún tímido comentario del profesor,
lo cierto es que no salió publicada ninguna queja formal al respecto.
Tampoco fue rectificada la decisión.

Después trascendió el despido del periodista de la radio en Holguín José
Ramón Ramírez Pantoja, que publicó las declaraciones de la subdirectora
de Granma. En este caso también se respiraba mucha timidez en el propio
periodista y en su círculo cercano a la hora de llamar a las cosas por
su nombre, aunque circularon más comentarios y posts en Facebook que en
el anterior caso. Tampoco hubo una rectificación, incluso el resultado
final del proceso fue bastante peor de lo que se pudiera pensar.

La pasada semana, este periódico publicaba una entrevista al profesor
Juan Antonio Fernández, expulsado de la Universidad de la Habana, en la
que también menciona esa frase: “Yo no quiero hacer un show mediático de
esto”. Es curioso como tenemos sembrado en el hipotálamo que compartir
nuestros problemas es un acto de “debilidad ideológica”, una “concesión
al enemigo” o peor aún, una traición a no se sabe quién.

Pero al parecer se piensa muy distinto cuando el problema ocurre con un
“camarada” de otro país. Me viene a la mente la exagerada cobertura
mediática que Telesur y todos los medios nacionales le brindaron al caso
de Víctor Hugo Morales, cuando se puso fin a su contrato en una cadena
de televisión argentina que dejó de recibir el cheque (soborno)
kirchnerista tras ser elegido como presidente Mauricio Macri.

Los titulares de la prensa oficial denunciaban la “abominable censura”
de la que supuestamente era víctima el militante, que por cierto,
gracias a toda esa campaña, no demoró nada en acomodarse en otra
trinchera. Precisamente, esa es una de las cosas buenas que en no pocos
casos sucede, donde te han cerrado una puerta, otros que comparten tu
visión pueden cooperar en abrirte otras más anchas.

La fobia que existe entre los cubanos por contar a los medios lo que les
pasa tiene a mi juicio dos componentes claves. Uno, el miedo a que las
represalias puedan ser peores por parte de un sistema que no tolera ser
acusado de nada y que tiene el control de todos los hilos para tejer las
trampas más sofisticadas. Dos, la falta de confianza en una opinión
pública nacional que no tiene peso real, ni está acostumbrada a ejercer
presión sobre institución alguna y menos aún sobre el Gobierno, de
manera que la escasa repercusión que pueda tener determinado caso será
allende los mares y eso puede venir por la antena, tergiversado o
manipulado.

En cualquier caso, creo que existe un derecho legítimo de poner en
conocimiento público lo que consideramos que sobrepasa nuestras
limitadas capacidades personales de autodefensa. Pero esta confianza que
puede tener cualquiera de nosotros en que existe y puede ser
determinante la solidaridad de nuestro pueblo, debe ser cultivada con el
ejercicio justo del criterio ciudadano, la responsabilidad y seriedad de
los medios y, sobre todo, la articulación firme y efectiva de una amplia
sociedad civil que abarque cada rincón del país.

La opinión pública nacional debe convertirse en la coraza protectora de
cada persona justa y en la peor pesadilla de quien viole sus derechos.
Esa opinión pública no es un ente abstracto ni lejano: eres tú, soy yo,
somos todos.

Source: “No quiero dar un ‘show’ mediático” –
www.14ymedio.com/blogs/cajon_de_sastre/quiero-dar-show-mediatico_7_2102859694.html

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