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Caída libre

Caída libre
Rechazar a estas alturas el capitalismo, tan solo por razones de
inexplicable y trasnochada ideología, es el colmo del absurdo
Alex Heny, Nueva York | 30/12/2016 5:03 pm

“Porque si veo capitalismo, no sé, no puedo entrar…”
Desde que tengo uso de razón —o memoria, que es más adecuado— eso de “no
regresaremos al capitalismo” o que el capitalismo es malo, muy malo, ha
sido el mantra una y otra vez de los fideles, raúles y sus cachanchanes.
Esta vez, leo, tampoco se hizo la excepción y el impresentable
general/presidente, ya respirando aliviado porque Obama, el que le tomó
La Habana sin disparar un tiro, se va; contento el hombrecillo además
porque con Trump le regresa el imprescindible enemigo, dice entonces el
anciano, lamentable sobreviviente de la furia asesina de este agonizante
2016, que “no vamos ni iremos hacia el capitalismo”.
Las razones lógicas de tal rotunda negativa, pues no las conozco.
Al cabo, esa gente es de izquierda y la izquierda, como todo lo demás,
solo sobrevive en el capitalismo; sonaría como suicidio, sino fuera por
el depravado cinismo que transpira tal declaración. Quedan entonces
solamente las sinrazones, pataletas ideológicas de un grupo de ineptos,
desfasados en tiempo, Historia y vida.
O sea, Cuba se hunde, y a ellos no le interesa.
“Ni nos ha interesado ni nos interesará”, pudiera bien decir el
tiranuelo de turno y seguir, por supuesto, cómo de otra manera, seguir
disfrutando de cuanta cosa capitalista existe y tiene a la mano. Desde
la ropa que viste, los teléfonos que usa, los relojes que consulta,
hasta los carromatos rusos que reservan para entierros y papelazos,
“??????? ? ??????“, la del capitalismo putiniano porque, de la URSS, ni
los mapas quedan.
Al absurdo entonces se suma la burla.
Vamos, el otro país socialista que queda en el planeta es Corea del
Norte (porque, convengamos, ni China ni ningún otro país, con economía
próspera, engrasada por el lubricante capitalista, es socialista). Y
Cuba comparte con Norcorea, además del dogmatismo de la clase
gobernante, de la docilidad de los ciudadanos, de la represión, de los
métodos dictatoriales, un absoluto desastre de la economía.
Rechazar a estas alturas el capitalismo, tan solo por razones de
inexplicable y trasnochada ideología, es el colmo del absurdo. Basta con
mirar a esa Corea bipolar: el mismo país, la misma cultura, el mismo
idioma, siglos de historia, nación dividida por una artificial frontera
rectilínea, residuo de las guerras anticomunistas del siglo XX; el Sur
próspero, hipertecnológico y capitalista, y el Norte del siglo XIX,
agrario, desolado, donde las hambrunas cíclicas y la pésima calidad de
vida hace que, entre otras nefastas consecuencias, los norcoreanos
socialistas tengan incluso menor estatura y corpulencia que los
sudcoreanos capitalistas.
Si hay una muestra de que eso que llaman socialismo no funciona, son
esas dos Coreas; o, dicho de otra manera, de que el capitalismo funciona.
Pero el Castro de turno no quiere capitalismo.
El drama cubano, se decía, comenzaría a terminar con el “fin biológico”,
la muerte de Fidel Castro. Pero todo indica que solo se ha pospuesto.
“En Cuba las cosas empeoraron después de la visita de Obama”, me cuenta
mi padre, “El bombardeo con consignas antiamericanas, la vieja retórica
de ‘Cuba sí Yankis no’, es a todas horas, por todos lados”.
El desgobierno cubano ha invertido todos sus recursos de propaganda y
manipulación tratando de enmendar el desmentido brutal que Obama puso
sobre la mesa, el de que el problema no es, ni remotamente, Estados
Unidos, el bloqueo o cualquier otra cosa en el extranjero; que el
problema, todos los problemas, están adentro del país.
Que el problema es el fantoche que dice no al capitalismo, que advierte
sobre más crisis por venir, que anticipa más restricciones, que no tiene
soluciones para el país y sus males crónicos porque ni el socialismo, y
mucho menos ese gobierno disfuncional, ofrecen ninguna.
El capitalismo terminará por llegar a Cuba.
No el de la croqueta y el “cuentapropismo”, por supuesto, sino el de la
libre empresa, mercado, crédito, competencia, oferta y demanda. No
llegará, sin embargo, como un agua mansa, sino como torrente de lodos y
rocas, liberado por un dique que revienta. Torrente que va a arrasar con
un pueblo que no está preparado para navegar esas aguas, que no tiene
idea de cómo se sobrevive y vive sin remesas; que, a fuerza de
igualitarismo, es débil y desconoce.
La responsabilidad de la calamidad que viene a sumarse a la ya
existente, pues es de ese hombrecillo de expresión dispéptica, menguada
estatura y voz engolada, de su difunto hermano, y de los que lo apoyan y
aplauden; de todos, cómplices, los que están acompañando al país en su
desplome en caída libre.
Feliz 2017 entonces, y que el viaje les sea leve.

Source: Caída libre – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/caida-libre-328209

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