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Cuba, las reformas ratifican el puño cerrado del raulismo

Cuba, las reformas ratifican el puño cerrado del raulismo
JOSÉ AZEL

En el 2011 el gobierno cubano anunció que despediría a 1,300,000
trabajadores de sus empleos estatales –20 por ciento de la fuerza
laboral– pero magnánimamente les permitiría trabajar autónomamente en
alguna de las 178 actividades aprobadas que serían permitidas. Con un
alto grado de especificidad el gobierno definió las actividades
permitidas, por ejemplo:

Actividad número 23, compra y venta de libros usados. Actividad 29,
encargado de baños públicos (presumiblemente por propinas); 34,
desmochador de palmas (aparentemente otros árboles continuarían podados
por el Estado). Actividad 49, forrador de botones; 61, limpiabotas; 62,
limpiador de bujías; 69, mecanógrafo; 110, reparador de box-springs (no
confundir con 116, reparador de colchones). Actividad 124, reparador de
sombrillas; 125, rellenador de fosforeras desechables; 150, lector de
cartas del tarot; 156, Dandy (definición técnica desconocida,
¿acompañante masculino?); 158, pelador de frutas (diferente de 142,
vendedor de frutas en kioscos).

Las actividades permitidas se incrementaron hasta 205, y muchos, en las
comunidades cubanoamericanas e internacionales, interpretan esos cambios
como significativas “reformas” que pueden contribuir a un renacimiento
económico y político en Cuba.

Frecuentemente he argumentado que esta estrafalaria lista de actividades
laborales ahora permitidas no desencadenará desarrollo económico; más
bien, revela la mentalidad totalitaria del régimen. La lista revela el
grado de control pretendido por el régimen en su nuevo proyecto. No son
reformas para liberar “la mano invisible” del mercado, sino para
ratificar el puño cerrado de los Castro.

Pero el permiso del gobierno cubano para involucrarse en esas
actividades laborales encarna un mensaje filosófico más importante
ignorado por los apologistas del régimen: permiso no es libertad.

Nuestras libertades naturales no son permisos entregados por el gobierno
basado en consideraciones políticas. En su libro La sociedad del
permiso, el investigador constitucional y litigante Timothy Sandefur
examina la distinción entre derechos y permisos:

“Tenemos libertad cuando podemos hacer elecciones clave sobre nuestras
vidas: qué decir, cuáles son nuestras creencias religiosas, qué trabajos
aceptar, qué construir en nuestra propiedad. En la medida que
necesitamos que alguien nos permita actuar no tenemos derechos, sino
autorizaciones: licencias otorgadas por plazos establecidos, por alguien
que está sobre nosotros”.

A través de la historia, reyes y emperadores –y en tiempos modernos los
regímenes totalitarios– han restringido las libertades asumiendo que
todo está prohibido a menos que se autorice específicamente. Esos
regímenes absolutistas practican la doctrina política de ilimitada
autoridad centralizada con soberanía absoluta concedida a un monarca o
dictador. Bajo sistemas absolutistas el pueblo solamente disfruta las
libertades que los gobernantes permitan. Es el caso en Cuba con los
trabajos ahora autorizados.

En Estados Unidos los Padres Fundadores inauguraron una nueva forma de
gobierno asumiendo, al revés, que todo lo que no está prohibido se
permite. En la visión de los Padres Fundadores las personas tienen
derechos naturales a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad,
y el gobierno requiere permiso de ellas, no a la inversa. Es un concepto
de gobernar donde los gobiernos no existen para otorgar derechos al
pueblo, sino para proteger sus derechos naturales.

Un problema fundamental con la idea absolutista de gobierno es que
cuando la libertad se otorga por la autoridad incluye solamente las
libertades que la autoridad decida otorgar, y solamente mientras
entienda que deba hacerlo.

En Cuba esto no es solamente un problema filosófico. A comienzos de los
años 1990 Cuba vivió una profunda crisis económica tras el colapso de la
Unión Soviética y la pérdida de los subsidios económicos del campo
socialista. Para enfrentar la crisis el gobierno cubano estableció un
número de reformas económicas liberalizadoras. Pero tan pronto las
reformas detuvieron el colapso, el gobierno volvió atrás.

Considerar los permisos gubernamentales otorgados como libertades, como
hacen muchos con relación a Cuba, traiciona nuestra dignidad humana. La
libertad no es un privilegio que el Estado otorga. Es un derecho natural
que el Estado tiene que proteger.

Investigador Senior en el ICCAS de UM, y autor del libro Mañana in Cuba.

Source: Cuba, las reformas ratifican el puño cerrado del raulismo | El
Nuevo Herald –
www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article121548897.html

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