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Dos años después… ¿qué?

Dos años después… ¿qué?
La situación entre los dos países, más que mejorar, se ha complicado
Viernes, diciembre 16, 2016 | Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba.- Se cumple el segundo aniversario de aquel anuncio,
hecho en TV, de manera simultánea, el 17 de diciembre de 2014, por los
presidentes Barack Obama y Raúl Castro de su intención de restablecer
las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.

Siempre se supo –lo advirtieron las partes desde un inicio- que sería un
proceso largo y complejo. Lo que pocos imaginaron fue que por su
paranoia enfermiza y su tozuda intransigencia, los mandamases castristas
desaprovecharían esta oportunidad, la mayor que han tenido, justo cuando
más la necesitaban.

En este tiempo, las tantas expectativas, muchas veces exageradas, que se
generaron entre los cubanos, han sido sustituidas por una gran decepción
e incertidumbre. Los ciudadanos de a pie no han visto mejoras en sus
vidas, sino nuevas restricciones y el mantenimiento de la represión y la
falta de libertades. Eso ha provocado que aumente significativamente el
número de personas que buscan escapar de la isla a como dé lugar. Temen
que sea derogada la Ley de Ajuste Cubano.

Si es cierto que todas las administraciones demócratas de los últimos 50
años han tenido que cargar con un éxodo masivo de cubanos, a la del
presidente Obama le tocó la crisis de refugiados que se produjo en
Centroamérica, ante la cual el régimen cubano se mostró de modo tan vil
con la suerte de sus ciudadanos como cuando Camarioca, Mariel o la
crisis de los balseros del verano de 1994.

La situación entre los dos países, más que mejorar, se ha complicado, a
veces hasta niveles absurdos, rayanos en la esquizofrenia, como cuando
el gobierno norteamericano se abstuvo en la votación sobre el embargo
que se efectúa cada año en la ONU a petición del gobierno cubano.

Los resultados han sido magros, las conversaciones bilaterales han
llegado a aburrir, sobre todo por las declaraciones de la adusta
Josefina Vidal, la jefa negociadora por la parte cubana. No se ha
producido, a pesar de la reanudación de los vuelos de aerolínea
norteamericanas a la isla, la avalancha de turistas norteamericanos que
se esperaba y que no hubiera habido infraestructura capaz de enfrentar.

Pero no se puede negar que ha habido bastante glamour: a La Habana no
solo vinieron Obama y John Kerry, sino también estrellas como Beyoncé,
Rihanna, Katty Perry, las Kardashians, Usher, Jay Z, Bon Jovi, Smokey
Robinson y Dave Mathews, se filmó Rápido y furioso 8, a costa de
atascamientos del tráfico, de que los carros y helicópteros estuvieran a
punto de provocar derrumbes de viejos edificios y de la fuga de tres
cubanos que se escondieron en el barco que regresaba a EEUU, y hasta
hubo un desfile de Chanel y un concierto en la Ciudad Deportiva de los
mismísimos The Rolling Stones.

No la ha tenido fácil Obama en sus tratos con el régimen castrista, que
absolutamente incapaz de lidiar con el poder blando, prefiere permanecer
atrincherado en el fango, mientras más viscoso mejor.

Los mandamases insisten en que Obama no utilizó plenamente sus
facultades en el vaciado del contenido del embargo, pero saben que en
realidad no pudo hacer más: el presidente de los Estados Unidos no es un
máximo líder de facultades omnímodas que pueda imponer sus decisiones a
un Congreso unánime y aplaudidor. Lo más que pudo hacer fue implementar
varias órdenes ejecutivas para suavizar las leyes del embargo. Llegó un
momento en que parecía un DJ complaciendo peticiones del régimen
castrista, pero a este siempre le parecían insuficientes las medidas
adoptadas.

De la visita de Obama a La Habana, en marzo de 2015, los mandarines
castristas esperaban poco menos que la Humillación de Canossa. En vez de
eso, quedaron asustados por su discurso en el Gran Teatro Nacional y la
forma en que con su carisma se ganó el respeto y la simpatía de la
mayoría de los cubanos. Aquello provocó que Fidel Castro reapareciera
para advertir que no se podía olvidar la historia y anunciar que de los
cubanos no necesitaban nada de los norteamericanos, que seguían siendo
el enemigo, solo que utilizando otros medios para destruir la revolución
y el socialismo, como por ejemplo, la Internet y los cuentapropistas.

Desde entonces, y ante tan graves razones, contradiciendo las
previsiones de los cubanólogos, se han visto frenadas las de por sí
tímidas reformas económicas que ni siquiera llaman así, y que han sido
sustituidas por promesas de un “socialismo próspero y sustentable” para
dentro de catorce años, si antes no ocurren percances, se ha reverdecido
la retórica antiestadounidense y han hecho ensordecedoras las exigencias
de levantamiento del embargo, la devolución de la base naval de
Guantánamo y el cese de las trasmisiones de Radio y TV Martí.

Fue como si olvidados de las leyes de la economía, la historia y la
lógica humana, creyeran que sin tener que hacer concesiones, solo por el
cese del embargo, conseguirían hacer realidad sus más caros delirios y
salir del atolladero en que se metieron por su empecinamiento, su
soberbia y su crónica ineficiencia.

El problema es que tan interesados como estaban los mandarines en ganar
tiempo, lo que hicieron fue desperdiciar el poco del que disponían.
Ahora, a Obama le quedan solo semanas para terminar su mandato
presidencial, y Hillary Clinton, que se suponía fuera la continuadora de
su política hacia Cuba, perdió las elecciones frente a un errático e
impredecible Donald Trump, que se ha declarado dispuesto a revertir las
relaciones con Cuba, o al menos buscar “un mejor trato”.

Para ese trato, ahora que no habrá que consultar con Fidel, siempre tan
beligerante con los yanquis. Raúl Castro tendrá más autonomía para
moverse y tomar decisiones. Pero con una economía en la que se
multiplican las dificultades y los problemas, el general-presidente no
tendrá mucho que ofrecer para motivar la veta empresarial de Trump en
las negociaciones bilaterales. Solo le quedará el recurso, si las cosas
marchan mal, que es lo más probable, de recurrir al atrincheramiento,
las movilizaciones militares, y el discurso de la plaza sitiada. Como en
los tiempos de Reagan. Es lo que mejor saben hacer, pero puede que sean
recursos gastados luego de tanto uso y abuso. Terminarán echando de
menos a Obama y lamentando amargamente haber desaprovechado, con todos
sus riesgos a largo plazo, las oportunidades de normalizar las
relaciones con el vecino del Norte.

luicino2012@gmail.com

Source: Dos años después… ¿qué? | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/dos-anos-despues-que/

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