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El castrismo se siente inseguro

El castrismo se siente inseguro
ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 2 de Diciembre de 2016 – 21:15 CET.

Cualquier ingenuo podría afirmar que tras más de medio siglo de control
totalitario sobre la sociedad, y después de operarse un aflojamiento de
las tensiones en los vínculos con su tradicional adversario, el
castrismo se sentiría seguro.

Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Porque, ¿a qué responde
ese llamamiento gubernamental para que la población firme un documento
apoyando el concepto de Revolución promulgado en el año 2000 por el
fallecido Fidel Castro? ¿Y cuál fue el motivo del aparatoso despliegue
movilizador del año 2002, que desembocó en aquel engendro constitucional
que refrendó el carácter irreversible del socialismo en la Isla?

En ambos casos hay un denominador común: el miedo de las autoridades
cubanas. Ellas necesitan cada cierto tiempo (sobre todo para exhibir
ante la opinión pública) de una multitudinaria concentración, una
elección a las Asambleas del Poder Popular, o una recogida de firmas que
atestigüen el “apoyo” mayoritario de la población al sistema político
imperante.

Mas, en el fondo, los tanques pensantes de la maquinaria del poder son
conscientes de que semejante comportamiento no siempre coincide con el
sentimiento verdadero del cubano de a pie. Muchos mayorcitos ya son
expertos en la práctica de la doble moral, ese mecanismo que les permite
conservar sus puestos de trabajo y alguna que otra prebenda que le
puedan arrancar al Gobierno. Por su parte, las nuevas generaciones,
abrumadas por una unidireccional propaganda ideológica, tal vez ni se
imaginen que es posible disentir del mensaje oficial.

Es lo que hemos vivido por estos días en la Isla. Las empresas y
entidades estatales, y los centros estudiantiles, cierran sus puertas, y
mediante los medios de transporte facilitados por el Gobierno —con la
consiguiente afectación al servicio de transporte público de la
población— conducen a los ciudadanos a desfilar ante las imágenes de
Fidel Castro, y después los llevan a los locales habilitados para que
certifiquen con sus firmas el apoyo al concepto de Revolución.

Mientras tanto, el Ejército y la Policía se hallan acuartelados, y las
calles están llenas de chivatos de los Comités de Defensa de la
Revolución (CDR) y miembros de las brigadas de respuesta rápida, los
cuales están listos para responder, como ellos saben hacerlo, al más
mínimo comentario que se aparte del discurso oficialista.

Si se permitiese un símil histórico, no sería exagerado afirmar que en
Cuba se vive por estos días un ambiente parecido al de las calles
habaneras en aquellos días de noviembre de 1871, cuando el supuesto
rallado de la tumba del periodista español Gonzalo de Castañón fue
considerado un “crimen monstruoso”. Tras lo cual siete estudiantes de
medicina pagaron con sus vidas la sed de sangre de las fanáticas turbas
de los voluntarios españoles.

En cuanto al contenido en sí de la proclama fidelista de Revolución, se
trata de una formulación que pretendió ser sumamente abarcadora, y en
consecuencia concluyó en una ambigüedad que, incluso, a ratos podría
volverse en contra de sus patrocinadores.

Por ejemplo, comienza con “Revolución es sentido del momento histórico;
es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad
plenas”. No resulta descabellado pensar que llegará el momento en que
los jóvenes cubanos comprendan qué cosa es la que realmente debe ser
cambiada en la Isla, y además se decidan a exigir esa libertad plena que
las autoridades comunistas jamás les van a brindar.

Al propio tiempo, eso de que “Revolución es desafiar poderosas fuerzas
dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional” es también un
resquicio por donde podrían colarse todos aquellos que se decidan a
realizar una revolución verdadera en la Isla. Porque, ¿cuál es la
poderosa fuerza dominante a la que hay que desafiar para acometer los
cambios que Cuba necesita?

Source: El castrismo se siente inseguro | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1480709714_27103.html

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