Dissidents in Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for new servers. Thank you.
Calendar
December 2016
M T W T F S S
« Nov   Jan »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  
Categories
Archives

El Gobierno cubano no sabe manejarse con el poder blando

‘El Gobierno cubano no sabe manejarse con el poder blando’
PABLO DÍAZ ESPÍ | Washington | 12 de Diciembre de 2016 – 09:38 CET.

El pasado 5 de diciembre, el opositor Manuel Cuesta Morúa fue
premiado en reconocimiento a sus ideas democráticas por el centro de
estudios políticos Wilson Center, de Washington. Morúa, quien ha sido
detenido en múltiples ocasiones por defender los derechos humanos y
organizar reuniones de oposición en La Habana, coordina en la actualidad
la Plataforma Ciudadana #Otro18 para buscar reformas electorales en
Cuba, y pertenece a la Mesa de Unidad de Acción Democrática.

Durante su estancia en Washington, conversa con DIARIO DE CUBA sobre las
relaciones entre Cuba y EEUU tras la muerte de Fidel Castro y la
elección de Donald Trump.

Señor Morúa, hace unos días se reunió en la Casa Blanca con el señor
Mark B. Feierstein, asesor especial del presidente Obama para el
Hemisferio Occidental. ¿De qué se habló en la reunión?

En la conversación, bien distendida, se abordaron cinco temas. Todos
cruciales en el futuro inmediato.

Primero, hablamos de las perspectivas generales de las relaciones entre
Cuba y Estados Unidos bajo la administración Trump. La incertidumbre de
lo que ocurrirá y cuáles serán las líneas maestras de su política hacia
Cuba, más allá de lo que ha dicho en 140 caracteres. Lo nuevo aquí, como
dato político, es que no se trata de una administración republicana
convencional, sino de un candidato que se ha presentado como un hombre
antiestablishment. De modo que cabe esperar.

Segundo, conversamos sobre el legado cubano de la administración Obama,
cuyo concepto esencial es promover un nuevo enfoque, más complejo, para
promover paralelamente la democratización de Cuba y el respeto a los
derechos humanos, su inserción en las Américas y su modernización
económica, a través de lo que concibe como un empoderamiento de la
sociedad civil.

¿No le parecen señales claras de lo que vendrá en lo referente a la
política de EEUU hacia Cuba y al legado de Obama, las declaraciones de
Trump llamando ‘brutal dictador’ a Fidel Castro y los nombramientos de
cubanoamericanos de línea dura en el equipo de transición?

Si algo caracteriza a Trump es su desplazamiento retórico. Puede decir
lo que cree necesario decir, sin que eso comprometa sus acciones
posibles. Pagar tributos verbales es natural cuando se ha recibido apoyo
del elector. Hay muy poca distancia entre las elecciones en Estados
Unidos y la muerte de Fidel Castro. De todos modos, si juzgamos al nuevo
presidente-electo norteamericano por sus palabras y tuits, está claro
que estaríamos retornando al lenguaje de la Guerra Fría, cómodo y
estructural para el régimen cubano.

No obstante, la política de Estados Unidos está mediada por intereses
geoestratégicos que van a amortiguar necesariamente las líneas duras de
acción. Y también por compromisos geopolíticos: si eres amigo de mi
amigo, no necesariamente tienes que ser mi enemigo. Trump es amigo de
Putin; Putin lo es de Raúl Castro. ¿Se convertirá necesariamente Trump
en el enemigo? Putin es el mejor protector que Castro II puede tener
dentro de la nueva red global de autoritarismos exitosos. Lo que vuelve
a exponer el problema que venimos arrastrando hace más de un siglo: la
incapacidad de nuestras clases políticas en el poder para trazar un
rumbo estratégico independiente en la arena mundial.

¿Qué otros temas tocó en la Casa Blanca?

Hablamos de la posibilidad de forjar una coalición bipartidista contra
el embargo, que al mismo tiempo siga apoyando y dando visibilidad a los
pro demócratas cubanos, y la de trabajar también con la administración
entrante sobre la base de los intereses mutuos de seguridad nacional, un
concepto que atañe a la ciudadanía. Es interesante ver cómo en el Senado
de Washington se cuenta con 52 votos para levantar, por ejemplo, la
prohibición de que los norteamericanos viajen a Cuba; un punto en una
agenda mayor que pasa por los intereses de amplios sectores
empresariales que tienen claro la inutilidad del embargo para todos los
intereses, incluyendo el tema de la democratización cubana.

Otro punto abordado, que se relaciona con el anterior, fue lo difícil
que resultará darle un giro de 180 grados a la política iniciada por la
Administración saliente. Con independencia de la lentitud de los cambios
por la parte cubana, ya se han estrechado vínculos importantes en
términos económicos.

Los vínculos económicos podrían ser menos importantes de lo que parecen.
Por ahora, no hay ni una sola inversión norteamericana de peso en la
Isla. Los cruceros y los hoteles cobran en EEUU, no son inversiones.

Todo es muy fluido. Aún no hay inversiones, pero los vínculos económicos
tienen una importante veta en lo comercial. Yo no estaría muy seguro de
que con Trump se reduzcan estos vínculos comerciales. Su reducción o
ampliación dependen del Gobierno cubano, no necesariamente de Trump. Los
vínculos comerciales no empezaron con Obama, sino con Bush. Obama los
amplió, otorgando otras facilidades y exenciones dentro de un enfoque
más abierto y constructivo, de engagement.

Habría que ver si Trump, de volver atrás, revertiría una política
implementada por los republicanos, en quienes tiene que apoyarse para
gobernar con cierta tranquilidad. Esto me lleva a otro límite. Los
intereses comerciales que más empujan por mantener y por ampliar sus
vínculos con Cuba están representados por los republicanos más
conservadores. Digamos que los intereses económicos del lado demócrata,
las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación y cierto
sector financiero, no muestran demasiada prisa para negociar con Cuba.
Estos últimos exigen una reforma estructural más profunda para poder
operar con seguridad en nuestro país. De manera que, económicamente
hablando, Trump no hará la gran diferencia. Agréguese a esto una oración
de cierre que publique en el diario El Clarin, de Argentina: a Trump le
puede interesar alguna torre en La Habana. Y este es potencialmente un
hecho que está más del lado de lo serio que del jocoso. Por ahí andan
los datos de la exploración económica muy reciente de representantes de
Trump en la Isla.

Esto entronca con otro tema de los que traté en el diálogo en la Casa
Blanca; los peligros de una recuperación del lenguaje de la Guerra Fría
después de haber ensayado el poder blando con el régimen cubano.

De una manera más general, también conversamos sobre cómo la mayoría de
los cubanos y de los norteamericanos creen y apoyan la continuación de
la política de Obama y la necesidad de un diálogo permanente entre la
sociedad civil cubana y los Estados Unidos en materia de derechos
humanos y libertades políticas. Los Estados Unidos iniciaron un diálogo
sobre derechos humanos con el Gobierno cubano y esto está bien. Y es
necesario. A fin de cuentas, es el régimen el que da los palos y tiene
la fuerza para hacerlo. Desafortunadamente. Sin embargo, instalar y
facilitar un diálogo oficial y público en esta materia entre el Gobierno
estadounidense y la sociedad civil cubana, y entre las sociedades
civiles de ambos países, es crucial para la dimensión cívica de los
derechos humanos.

Eso de que la mayoría de los cubanoamericanos apoya la política de Obama
puede ser verdad, pero también lo es el que apoyan la defensa de los
derechos humanos y el fin del régimen, algo sobre lo que nunca se les
preguntó en esas encuestas preelectorales que se usaron para reforzar la
política de Obama, y que luego resultaron un fiasco electoral para los
demócratas: el voto cubanoamericano se decantó de forma abrumadora por
Trump.

Es interesante. La mayoría de los cubanoamericanos quieren llevar el
juego al siguiente nivel: más acercamiento y más apoyo a la causa de los
derechos humanos en Cuba. A nivel político esto refleja dos intuiciones
claves: apoyar la apertura del lado norteamericano no tiene que
significar el debilitamiento del compromiso con la libertad de los
cubanos. Segunda: la política pre Obama aportó poco para impulsar, más
allá del ámbito simbólico —también importante—, el mejoramiento de los
derechos humanos en Cuba. Dicho de otra manera: se puede trabajar a
favor de la democracia en Cuba, no apoyar el embargo, y ensayar otros
enfoques. También en Estados Unidos.

Ahora bien, que el voto cubanoamericano se haya decantado
abrumadoramente por Trump, ¿podría entenderse como que los cubanos en
Estados Unidos quieren regresar a la vieja política? No lo creo. Los
factores internos en Estados Unidos determinan más en el caso de una
elección. Eso incluye a los votantes cubanos, que además son ciudadanos
norteamericanos. En todo caso, otras encuestas también son importantes a
considerar en el análisis. En Miami-Dade, la mayoría de los
cubanoamericanos votó por Hillary, y a nivel nacional también.

Justamente hace unos días trascendió la noticia de que los gobiernos de
EEUU y Cuba aceleraban las negociaciones de acuerdos antes de la llegada
de Donald Trump al poder. ¿Cómo lee esto? ¿Qué cree que busca el
Gobierno cubano?

Por un lado se trata de la continuidad de los diálogos, iniciados entre
ambos gobiernos en múltiples direcciones. No sabría si estas reuniones
celebradas correspondían a un calendario previo, o si resultan del giro
que han tomado los acontecimientos en Estados Unidos después de las
elecciones del 8 de noviembre. Coincidencia o no, creo que el Gobierno
cubano intenta acelerar en horas lo que tuvo tiempo de realizar durante
al menos dos años: profundizar el juego de intereses económicos, y
afianzar los vínculos en políticas de interés global, de manera que una
reversión, o el intento de reversión del acercamiento por parte de
Washington, tenga un costo estratégico de tal magnitud que sirva para
disuadir a quienes deciden las políticas.

Si es así, estaríamos hablando de una ventaja de la victoria electoral
de Trump: obligar al Gobierno cubano a mover ficha.

Mover ficha no, dejar de perder el tiempo para anclar lo acordado sí. Es
decir, seguir moviendo la ficha movida. Mover ficha sería abrir el juego
político, que es como la victoria de Trump pretende ser reconducida y
leída, y de lo que estamos hablando aquí es de economía pura. El
resultado, algo paradójico, sería que La Habana se abriría a lo que
parece más importarle a Trump: los intereses económicos.

No es lo mismo tomar decisiones en base a posicionamientos ideológicos o
políticos que en base a intereses económicos y estratégicos creados. No
por gusto el Gobierno cubano estuvo entre los primeros en felicitar a Trump.

¿Por qué desaprovechó el Gobierno cubano la oportunidad que le brindó la
administración Obama y ahora se ve obligado a correr?

Primero, porque el Gobierno cubano no tiene visión de Estado, sino de
poder. Su cálculo se basa en una lectura inmediata del costo/beneficio
de una relación para mantener su control social. Como su referencia es
lo inmediato, todo lo mide exclusivamente en tiempo. En el tiempo lento
de la pereza y la falta de imaginación política. A más tiempo de
control, mejor para el poder. A menos tiempo, peor.

Segundo, porque fueron sorprendidos, como lo fui yo, por la elección de
Trump. Con Hillary, la magnitud tiempo estaba controlada. Aunque Clinton
podría haber sido más dura que Obama, su política hacia Cuba implicaba
continuidad, como puede leerse en sus propias declaraciones y verse en
la plataforma del Partido Demócrata presentada en su Convención en
Filadelfia.

Tercero, por poca capacidad de proyección estratégica: en vez de avanzar
en un terreno cambiante para afianzar posiciones, se quedaron parados
sin percatarse de que, en Estados Unidos, como en casi todas partes en
el mundo, los gobiernos cambian, lo que debería convertirse en una
ganancia neta, porque nada les obligaría con el Gobierno que viene, y
mucho habrían ganado al instalar intereses más profundos.

Cuarto, por inercia. La diplomacia cubana es muy buena para quebrar
consensos, vender el producto revolución, y hablar mal de los enemigos.
No lo es tanto para construir escenarios estratégicos y moverse en ellos.

Y quinto, no por último menos importante, porque el Gobierno cubano no
sabe manejarse con el poder blando. Rompe un termómetro e intenta
agarrar los pedazos de mercurio regados por el suelo. Obama hizo lo
primero: romperle el termómetro de la Guerra Fría. Y el Gobierno cubano
hizo lo segundo: el ejercicio inútil de querer atrapar el mercurio.
Actuó entonces como si el termómetro estuviera intacto. Pero Obama ya se va.

Visto en perspectiva, y atendiendo a los ambientes necesarios para un
cambio pacífico, sigo creyendo, sin embargo, que la mejor apuesta para
apoyar la democratización de Cuba pasa por la combinación del engagement
con el poder blando.

Source: ‘El Gobierno cubano no sabe manejarse con el poder blando’ |
Diario de Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1481530695_27341.html

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *