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El impactante documental sobre los campos de concentración de homosexuales en Cuba

El impactante documental sobre los campos de concentración de
homosexuales en Cuba
Por Rodrigo Duarte 4 de diciembre de 2016

Fidel Castro y Reinaldo Arenas, figuras centrales en “Conducta impropia”
Fidel Castro lo había dejado claro desde el inicio. “Nunca hemos creído
que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de
conducta que nos permitan considerarlo un verdadero revolucionario. Una
desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que
debe ser un militante comunista”, declaró el dictador cubano en 1965,
alrededor de la misma época en la que comenzaba la brutal persecución a
homosexuales por parte del gobierno cubano. Apenas seis años antes, e
inspirado en la revolución soviética, Castro había derrocado del poder a
Fulgencio Batista con un discurso que pregonaba por una sociedad más
justa, pero lo que vendría después se parecería más al comunismo de los
gulags estalinistas que el de la utopía igualitaria.

Tras las purgas ideológicas, juicios revolucionarios y centenares de
fusilamientos que marcaron los primeros años posteriores a la toma de La
Habana, la siguiente fase del plan depurador del dictador cubano tuvo
como objetivo “reeducar” a los disidentes sexuales, considerados una
amenaza para la organización de una sociedad en la que emergería el
hombre nuevo, aquel individuo verdaderamente emancipado de las garras
del capitalismo según la teoría marxista.

Si bien muchos teóricos y admiradores de Fidel todavía minimizan -o
directamente niegan- la existencia de los campos de concentración de
homosexuales durante la Revolución Cubana, un documental poco difundido
pero que ahora puede verse en YouTube da cuenta de la inhumana
persecución a homosexuales. Se trata de “Conducta impropia”, una
producción de la televisión publica francesa estrenada en 1984, con la
dirección de dos afamados realizadores: Néstor Almendros, más
conocido por sus contribuciones como director de fotografía a clásicos
de la nouvelle vague, y Orlando Jiménez Leal.

Si bien ambos cineastas habían apoyado inicialmente a la Revolución,
incluso filmando películas en apoyo del nuevo Gobierno y discursos de
Fidel que eran luego enviados al exterior como material propagandístico,
rápidamente la naturaleza autoritaria de Castro los transformó en
opositores al régimen e hicieron lo que todo disidente debió hacer en
Cuba: escapar para preservar su integridad intelectual y su vida.

Almendros recaló en Francia y Jiménez Leal hizo lo propio en Madrid.
Años más tarde, con la ayuda del también exiliado Reinaldo Arenas, uno
de los escritores más afamados de la literatura cubana, dieron forma a
Conducta impropia, recogiendo testimonios de decenas de cubanos, en su
mayoría homosexuales, que habían sido enviados a los campos de
concentración, enmascarados con el burocrático nombre de UMAPs (Unidad
Militar de Ayuda a la Producción).

Tal vez el testimonio más impactante de la película es el de José Mario,
uno de los primeros en ser confinado a los campos de detención que se
habían levantado en la ciudad de Camagüey, a casi 600 km de La Habana.

Mario fue el primero en escribir sobre su experiencia en las UMAPs luego
de escaparse de Cuba, y su crónica, publicada en una revista literaria
española a mediados de los 70s, llamó la atención de Almendros. En ella
se describían la rutina en de los detenidos (trabajar en la siembra de
tabaco o caña desde el amanecer hasta que caía la tarde), la
construcción e instalaciones de los campos (barrancas grandes donde se
ubicaban los dormitorios y cercas electrificadas para que nadie
escapara) y el abuso de los oficiales (“Los artistas e intelectuales son
todos maricones”, era lo que le repetía uno de sus vigilantes).

En la película Mario relata todos estas vivencias y detalles pero además
recuerda un detalle escalofriante: en la entrada del campo de
detención se destacaba un cartel con la frase “El trabajo los hará
hombres”, que evocaba al Arbeit macht frei (“El trabajo los hará
libres”), el infame letrero colgado en la entrada de los campos de
exterminio nazi.

Pero los homosexuales no eran los únicos blancos: en las multitudinarias
redadas también se capturaban “hippies” (entendido como todo aquel
cubano que vestía camisas de colores, tenía el pelo largo o le gustaba
el rock) y también quienes exhibieran una “conducta impropia”, lo que
podía ser cualquier cosa que se le ocurriera a las brigadas de moralidad
de Fidel. Muchos llegaron a denunciar haber sido arrestados y enviados a
los campos de trabajo solo porque alguien tenía un problema personal con
ellos o un vecino quería quedarse con su habitación.

Reinaldo Arenas, quien desde Nueva York se encargó de reunir la mayoría
de los testimonios de los cubanos exiliados que aparecen en la película,
también cuenta a cámara su propia experiencia en las UMAPs, su largo
período haciendo trabajos de construcción de edificios que alojarían a
obreros soviéticos y el calvario que le esperaba después de ser liberado.

“Cuando volví, todas mis cosas habían sido confiscadas, mi casa, mis
pertenencias, hasta mis manuscritos, así que me vi en la calle.
Irónicamente, yo ya era famoso mundialmente, pero no tenía ni maquina de
escribir, ni un cuarto donde hacerlo, era un vagabundo pidiendo a mis
amigos que me dejen dormir en sus casas todas las noches. Cuando
preguntaban por mí escritores que venían del extranjero, las autoridades
decían que no había ningún escritor llamado Reinaldo Arenas. Pasé a
convertirme en un personaje de Orwell, en una no-persona”.

Finalmente, y gracias a la presión de intelectuales y artistas en el
extranjero, en 1968 serían cerrados los campos de trabajos forzosos, que
se calcula fueron padecidos por 25 mil a 30 mil personas (además se
contabiliza que decenas de homosexuales cubanos se suicidaron por temor
a ser llevados allí).

Tendrían que pasar 45 años para que Fidel Castro aludiera a estos
infames eventos. En 2010, consultado por un periodista mexicano sobre su
persecución a los homosexuales, Castro haría una inusual autocrítica:
“Fueron momentos de una gran injusticia (…) Piensa cómo eran nuestros
días en aquellos primeros meses de la Revolución: la guerra con los
yanquis, el asunto de las armas, los planes de atentados contra mi
persona. Escapar a la CIA, que compraba tantos traidores, a veces entre
la misma gente de uno, no era cosa sencilla; pero en fin, de todas
maneras, si hay que asumir responsabilidad, asumo la mía”. Reinaldo
Arenas había fallecido dos décadas atrás en el exilio.

Source: El impactante documental sobre los campos de concentración de
homosexuales en Cuba – Infobae –
www.infobae.com/america/cultura-america/2016/12/04/el-impactante-documental-sobre-los-campos-de-concentracion-de-homosexuales-en-cuba/

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