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El reto del Gobierno sin Fidel

El reto del Gobierno sin Fidel
DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 10 de Diciembre de 2016 – 15:50 CET.

Fidel Castro Ruz imprimió su sello personal a Cuba durante décadas. Con
un poder absoluto e imbuido de una elevada dosis de mesianismo,
populismo y voluntarismo decidió el destino de varias generaciones.
Emprendió importantes obras sociales, pero estancó la economía e hizo
retroceder las libertades ciudadanas. El Gobierno bajo su dirección
ancló al país en el pasado y desaprovechó las oportunidades de cambio
que ofrecieron los diversos y continuados fracasos. Su muerte, en el
momento y las condiciones en que se produjo, no puede dejar de tener un
fuerte impacto en la sociedad.

Las reformas implementadas desde 2008 bajo la dirección del Raúl Castro
no arrojaron resultados positivos por sus limitaciones, la lentitud de
su ritmo y las contradicciones que se expresaron en una especie de
dualidad de poderes. La caída del PIB al 1% en el primer semestre de
2016, la eminente recesión para 2017 y el aumento del éxodo masivo de
ciudadanos, confirman su fracaso.

A pesar de ello, esas tímidas y limitadas reformas generaron el embrión
de un sector privado del cual hoy el Gobierno no puede prescindir; las
relaciones con Estados Unidos, aunque se tensarán con la próxima
administración de Donald Trump, han generado intereses que impiden dar
marcha atrás; la posibilidad de encontrar un nuevo padrino en la arena
internacional dispuesto a sustituir a Venezuela no existe; y los
paquetes de medidas dictados por la administración de Obama, que
oxigenaron las relaciones con Occidente, reactivaron el turismo y
crearon expectativas, no continuarán sin cambios al interior de Cuba.

En ese escenario el actual Gobierno solo tiene dos caminos: frenar, que
es lo mismo que conducir al país a la ruina total, o en su lugar
avanzar. La decisión más probable es la segunda, pues en la primera
todos seríamos perdedores, incluyendo a los que detentan el poder. De
ser así, aunque se carezca de la voluntad política, en corto tiempo se
producirán cambios y se sabrá si las actuales autoridades son capaces,
en tan compleja situación, de sacar al país del estancamiento y hacerlo
avanzar. De todas formas cualquier camino que se elija, tarde o temprano
inexorablemente conducirá a la democratización del país.

Por la magnitud del reto, aunque sea una necesidad, lo más importante e
inmediato no es juzgar lo ocurrido, cuyo resultado es evidente y de lo
cual se encargará ese juez implacable que es el tiempo, sino definir el
camino y echar a andar. Un camino que, en ausencia de fuerzas
alternativas con capacidad para imponer el ritmo y la dirección, tendrá
como sujeto inicial al Gobierno, que en ausencia del líder máximo y
desaparecida la dualidad de poderes, cuenta con los principales resortes
para iniciar las transformaciones.

La poca economía que funciona —con excepción del incipiente sector
privado—, vinculada a sectores como el turismo, proyectos como la Zona
Especial de Desarrollo Mariel y algunas producciones, está concentrada
en el Grupo de Administración Empresarial S.A, (GAESA), bajo la
dirección del General de División Luis Alberto Rodríguez López-Callejas.

En cuanto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), la Constitución
establece que el presidente del Consejo de Estado desempeña la jefatura
suprema. Las figuras principales de esa jefatura son los generales de
Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías, Álvaro López Miera, Ramón
Espinosa Martín, Joaquín Quinta Solas. Por su parte, los generales de
Brigada Lucio Morales Abad, Raúl Rodríguez Lobaina y Onelio Aguilera
Bermúdez se formaron o estuvieron bajo el mando de Raúl Castro cuando
era ministro de esa institución, y todos son miembros del Buró Político
del Partido Comunista o de su Comité Central.

A lo anterior se une el Consejo de Defensa Nacional, un órgano que puede
ser convocado a voluntad del presidente del Consejo de Estado y en
circunstancias especiales convertirse en el máximo órgano de poder
estatal y político, al que en esas condiciones se subordinan hasta los
secretarios del Partido en las provincias y municipios.

Por tanto, el actual Presidente cuenta con todos los hilos del poder
para tomar el camino que Cuba necesita con muy poca o sin ninguna oposición.

Como la inviabilidad del modelo constituye la causa fundamental del
desinterés y desesperanza, del éxodo masivo y de la ineficiencia
productiva, cualquier reforma que se implemente tiene que atacar esa
causa fundamental. La posibilidad de medidas dirigidas a cambiar para no
cambiar, como ocurrió antes, hoy sería totalmente inútil.

El tiempo se agotó definitivamente. El Gobierno, aunque tiene en sus
manos todos los hilos del poder, no los puede usar para otra cosa que
para emprender transformaciones profundas, que son tan necesarias para
salir de la crisis como imposibles para cambios cosméticos e intentar
conservar el poder a mediano-largo plazo.

Por el tiempo perdido, el nuevo escenario, aunque más complejo que los
anteriores, ofrece una última oportunidad para profundizar los cambios
ordenadamente desde el poder. El totalitarismo se agotó totalmente. Por
ello, con independencia de la voluntad del Gobierno, el cambio resulta
inevitable para el propio Gobierno. Esa es la peculiaridad del nuevo
escenario en que ha desembocado aquel proceso inaugurado en 1959.

Entre el cúmulo de dificultades están: la necesidad de grandes
inversiones y por tanto de una gran entrada de capital internacional, lo
que obliga a reformar nuevamente la Ley de Inversiones; la
implementación de cambios constitucionales para garantizar la
legitimidad inmediata de los sucesores, quienes carecen de la
legitimidad que dio el triunfo de 1959 y de una economía capaz de
tranquilizar a una sociedad insatisfecha; los cambios en la estructura
de la propiedad que permitan a los productores ser verdaderos
propietarios. Cambios que para que resulten beneficiosos tienen que
acompañarse con transformaciones en materia de derechos y libertades.

Una de las posibilidades más factibles para el Gobierno es tomar el
camino vietnamita. La complejidad de ese camino está en que las reformas
de Vietnam excluyeron las libertades cívicas y políticas, algo que en
Cuba por su historia política y su cultura, una vez en marcha las
reformas económicas, será imposible de obviar.

Lo que ocurra de ahora en adelante, pero en un plazo breve, será
decisivo para Cuba, su sociedad y también para el actual Gobierno. Un
reto difícil pero ineludible en un escenario sin padrinos, sin Fidel
Castro, con una economía en franco retroceso y un pueblo desesperanzado.

Source: El reto del Gobierno sin Fidel | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1481381183_27318.html

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