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El testamento político de Fidel Castro

El testamento político de Fidel Castro
El vacío conceptual de la definición de revolución, según Fidel Castro,
deja las manos libres para cualquier decisión futura que tomen quienes
releven a la actual generación histórica
Reinaldo Escobar, La Habana | 02/12/2016 12:22 pm

Bajo la sombra del duelo nacional decretado tras la muerte de Fidel
Castro, los cubanos han sido convocados a firmar, en calidad de
juramento, unas palabras pronunciadas por el expresidente en mayo del
año 2000 y en las que dejó para la posteridad su concepto de Revolución.
“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que
debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y
tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros
mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas
dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender
valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es
modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con
audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar
principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el
mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución
es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia
para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo,
nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.
Más que una definición, el texto debe entenderse como un balance
personal del proceso político que Castro protagonizó. Ante la ausencia
de un pensamiento teórico sólido, los exegetas del Comandante en Jefe
han echado mano de la poética de su retórica para extraer, algo así,
como un testamento político.
La frase elegida tiene los giros de la oratoria dicha para cautivar a
los congregados en una plaza, donde casi toda licencia queda permitida,
mientras que suene bien y conquiste los oídos. Pero leída en la
distancia y analizada como una tesis, carece de solidez programática.
En la frase, el término Revolución resulta ambivalente y lo mismo se
presenta como un resultado obtenido que por alcanzar. En otros momentos
del enunciado parece un método para conseguir ciertas metas, el fruto
final de un proceso o un atado de valores morales cercano al decálogo
del buen comportamiento.
Las contradicciones del concepto pronunciado por Castro hace más de tres
lustros han disuadido a los académicos del entorno oficial y a los
intelectuales orgánicos de analizarla. En lugar de ello, han optado por
sacralizar el versículo para no verse comprometidos a desmenuzarlo con
rigor.
Cuando Castro menciona que Revolución es sentido del momento histórico,
solo confirma que hace falta olfato político para percibir el cúmulo de
oportunidades que detonan tales procesos, algo que descansa
exclusivamente en la capacidad de ciertos individuos para aprovechar la
situación.
Por otro lado, la diferencia sustancial entre Revolución y reforma
reside en la manera en que se realizan las transformaciones, pero estas
palabras evaden puntualizar el carácter violento y radical del proceso
que promueven. La ausencia de esta precisión constituye el déficit
conceptual más importante del texto.
En el horizonte de casi todas las revoluciones sociales se coloca la
igualdad, pero no se necesita un proceso de tal naturaleza para intentar
alcanzarla. La libertad ha sido históricamente la más afectada por las
revoluciones. En especial, las libertades de expresión y asociación, y,
en el caso de las revoluciones socialistas, las económicas.
Las imprecisiones del texto no terminan ahí.
En las palabras hoy ensalzadas, Castro define a su criatura como la
capacidad de tratar a los demás y ser tratado como seres humanos. Se
trata de la promesa de más bajo perfil que puede difundir un político y,
tan obvia, que incluirla en un concepto para la posteridad resulta,
cuando menos, un gesto inquietante.
La confusión sube de tono cuando el líder invita a “emanciparnos por
nosotros mismos”, sin precisar si habla desde la clase obrera que debe
sacudirse las “cadenas” de la explotación o se trata de una demanda de
corte nacionalista para eliminar la dependencia de alguna potencia
extranjera.
En el primer caso, se estaría renunciando a alianzas con otros sectores
como el campesinado, mientras que seguir al pie de la letra el segundo
lleva a renunciar al internacionalismo proletario.
El acto de “desafiar fuerzas dominantes” difiere si se está en un
período insurreccional o tras varios años después del comienzo de una
Revolución. Cuando Castro pronunció este concepto, el poder en Cuba
radicaba en el Partido Comunista y especialmente en su propia voluntad,
que no aceptaban ni el menor desafío.
El voluntarismo del orador sobresale cuando llama a “pagar el precio que
sea necesario”, mientras que se apropia de los valores del cristianismo
al promover la modestia, el desinterés, el altruismo, la solidaridad o
el heroísmo. La convocatoria a no mentir jamás ni violar principios
éticos refuerza ese carácter de mandamientos de una religión.
El texto también ensalza la audacia, la inteligencia y el realismo,
pautas que resultan más apropiadas para triunfar en una empresa que para
impulsar una transformación social. Remacha esas aseveraciones con la
convicción de que “no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la
fuerza de la verdad y las ideas”: puro idealismo, ajeno al materialismo
dialéctico de inspiración marxista.
Ni la unidad hace a la Revolución, ni la independencia resulta una
conquista en medio de un mundo globalizado que discurre hacia el fin de
las fronteras, por lo que solo le queda al orador basar su concepto en
“nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo” y
luchar por “nuestros sueños de justicia”, sin sustantivar ninguno.
El vacío conceptual de la definición de Revolución que a partir de este
lunes firman millones de cubanos deja las manos libres para cualquier
decisión futura que tomen quienes releven a la actual generación
histórica. Sobre esta piedra fundacional se puede erigir cualquier cosa.
Este texto apareció originalmente en 14ymedio. Se reproduce con el
permiso del autor y de la publicación.

Source: El testamento político de Fidel Castro – Artículos – Opinión –
Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-testamento-politico-de-fidel-castro-327915

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