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La Unión Europea y Cuba – nueva relación

La Unión Europea y Cuba: nueva relación
JOAQUÍN ROY

El 12 de diciembre la Unión Europea y Cuba han firmado un Acuerdo de
Diálogo Político y Cooperación (ADPC) que al mismo tiempo ha rescindido
la condicionante Posición Común que la UE mantenía sobre Cuba.

Como aspecto novedoso, hay que reconocer que la firma del acuerdo
europeo-cubano se produce tras unas largas negociaciones que estuvieron
condicionadas duramente por la exigencia cubana de no sentarse a
discutir un acuerdo si no se eliminaba la Posición Común.
Sorpresivamente, La Habana asintió a negociar hasta el momento mismo de
la firma.

¿Qué ha sido la Posición Común? Esta decisión unilateral de la UE se
tomó hace veinte años, por la influencia del nuevo presidente español
José María Aznar, en noviembre de 1996. Se produjo en la culminación de
un año explosivo que tuvo como eje central la aprobación de la llamada
ley Helms-Burton.

El complejo sistema europeo de competencias permite que se mezclen
numerosos aspectos que no son los básicos de exclusividad de las
instituciones comunitarias. Diversas operaciones de relaciones
exteriores y de soberanía interna siguen siendo controlados por los
estados. Así se intentó persuadir al gobierno cubano hacia una reforma.

El resultado fue que ningún estado de la UE cesó en sus operaciones con
Cuba. Cada uno continuó con sus acuerdos bilaterales. Nadie prohibió a
sus ciudadanos viajar a Cuba. Ningún estado miembro de la UE impidió a
sus líneas aéreas establecer conexiones. Sus propios sistemas de ayuda y
cooperación continuaron funcionando como antes. En la actualidad suman
18 los estados que tienen acuerdos bilaterales. Pero la existencia de la
PC implicaba un paraguas condicionante para una “relación plena” en los
terrenos globales.

Esta relación bilateral y colectiva condicionada se agrió extremadamente
en 2003 cuando el gobierno cubano ordenó la detención de 75
representantes de la disidencia y la ejecución sumaria de tres
secuestradores de un ferry en el puerto de La Habana. Bruselas, por
medio de una decisión del Consejo (su más alta institución), impuso una
serie de “medidas” (inmediatamente rebautizadas como “sanciones” por el
régimen cubano). Destacaba la recomendación de extender invitaciones a
los representantes de la disidencia a las recepciones de las fiestas
nacionales de los Estados Miembros. Se regulaba la limitación de
participación en misiones comerciales y el nivel de participación de los
representantes. El resultado se tradujo en una serie de “guerras del
canapé”, en las que si la disidencia asistía a los actos, el gobierno
cubano se abstenía. Las llamadas de las embajadas no eran contestadas.

La Habana llegaba a mimetizar la Posición Común con el embargo
norteamericano. Luchaba así contra “dos imperios”. Ya no solamente
contaba con la excusa del embargo para justificar las carencias del
régimen: ahora tenía otro enemigo.

Bruselas consideró las medidas como contraproducentes y procedió a la
evaluación sobre la conveniencia de su eliminación, lo que se produjo en
2008, cuando ya se había ampliado la fundacional oficina de la UE en La
Habana elevándola a la categoría de representación plena.

Así se procedió a un repaso de las alternativas en una serie de
reuniones internas y entre altos funcionarios de Cuba y la UE (tanto en
Bruselas como en La Habana), llevadas a cabo desde marzo de 2012 hasta
los plenos acuerdos de 2016. Prácticamente ningún tema fue soslayado,
incluyendo la sensible área de derechos humanos. La naturaleza del
acuerdo es de la variante “mixta”, ya que además de la aprobación del
Consejo de la UE y el Parlamento, se necesita la anuencia de todos los
Estados Miembros y sus respectivos parlamentos. Aunque se considera que
el guión está bien programado, no se descarta la aparición de obstáculos
de algún estado miembros que ralentice el proceso definitivo.

En el terreno cubano, al gobierno le conviene cumplir con los acuerdos
básicos. A favor de esta tesis cuenta la incertidumbre de las acciones
del gobierno de Trump. Además, la precaria situación de Venezuela y la
evolución de otros gobiernos latinoamericanos pueden privar a Raúl y su
sucesor del apoyo necesario para la supervivencia de los aspectos
básicos del régimen cubano en transformación. Europa representa la
alternativa más factible.

Catedrático Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la
Universidad de Miami.

jroy@miami.edu

Source: La Unión Europea y Cuba: nueva relación | El Nuevo Herald –
www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article121403598.html

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