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“Mucha gente está hastiada y no quiere saber más nada de él”, así describen prolongado duelo por Castro

“Mucha gente está hastiada y no quiere saber más nada de él”, así
describen prolongado duelo por Castro
diciembre 03, 2016
Iván García Quintero

El ambiente de La Habana se ha tornado gris, feo, opresivo. La muerte de
Fidel Castro ha traído consigo un ramillete de prohibiciones que ha
provocado un clima asfixiante. El temor y la autocensura se han vuelto
demenciales.
LA HABANA. Si usted no puede pagar algo más de dos dólares -el salario
de dos jornadas de trabajo en Cuba- para conectarse una hora a internet,
o su magra pensión de jubilado le impide costear el equivalente a doce
dólares mensuales y por la antena ilegal por cable recibir seriales,
culebrones o programas de participación generalmente facturados en la
Florida, quizás la mejor opción es gastar diez pesos (menos de 0.50
centavos de dólar), por un audiovisual que oferta “El Paquete”.

Incluso, si tienes un USB o memoria flash, por 0.20 centavos de dólar,
en cualquier puesto de venta de DVDs y enlatados televisivos, puedes
descargar los últimos capítulos de los seriales estadounidenses Sucesor
Designado, protagonizado por Kiefer Sutherland, o Quantico, con Priyanka
Chopra y Jake McLaughlin en los roles centrales.

“Algún día habrá que hacerle un monumento a las memorias flash. Aquí son
super necesarias. Son pequeñas y te sirven para almacenar de todo: desde
aplicaciones para móviles, programas de computación y audiovisuales
hasta informaciones no publicadas en los periódicos estatales”, comenta
Alberto, dueño de un puesto de venta de DVDs musicales, filmes,
documentales y novelas producidas en Brasil, México, Turquía o Corea del
Sur.

El 90 por ciento de los audiovisuales vendidos por los particulares, son
descaradamente pirateados de canales televisivos de Estados Unidos.

Tras la muerte de Fidel Castro, el régimen decretó nueve días de duelo
nacional. El prolongado luto dejó al borde del suicidio a Camila, 50
años, ama de casa a quien desde joven le ha gustado estar bien informada.

“Dios mío, fue demasiado. Reconozco la importancia histórica de Fidel
Castro, pero desconectarnos del mundo y encadenar toda la radio y
televisión nacionales ha sido una locura. Puede convertirse en un
boomerang. Si el objetivo era resaltar el legado de Fidel, a estas
alturas, mucha gente está hastiada y no quiere saber más nada de él”,
subraya.

Desde el sábado 26 de noviembre, los medios locales no difunden noticias
ni sucesos ocurridos en otras latitudes. En Cuba no se informó del
accidente aéreo que en la noche del lunes 28 le costó la vida a la mayor
parte del equipo de fútbol Chapecoense, de Chapecó, Santa Catarina,
Brasil. La tragedia desplazó a segundo o tercer plano la muerte de Fidel
Castro en casi toda la prensa internacional, especialmente en Latinoamérica.

La vida cultural, deportiva y social se congeló en Cuba. Hasta nuevo
aviso, se detuvo la serie nacional de béisbol y se prohibió la venta y
consumo de bebidas alcohólicas, ni siquiera en hoteles, paladares y
bares privados.

Los seguidores del fútbol europeo están que trinan, pues se perderán el
derbi Real Madrid-Barcelona, el sábado 3 de diciembre en el Camp Nou.
Debido a las pompas fúnebres, la TV cubana no tiene previsto trasmitirlo
en directo.

“Esto solo puede pasar en una dictadura. El gobierno se arroga el
derecho de paralizar el país, prohibir que la gente beba o vea la
pelota, solo para cumplir con su discurso ideológico. Fidel habrá sido
muy trascendental, pero la vida continúa. Estas prohibiciones son un
castigo para muchos de nosotros”, apunta un joven en el parque del Mónaco.

Cuando un deporte apasiona, los fanáticos se las arreglan para no
perderse uno de los partidos con más teleaudiencia en el planeta. Los
fans cubanos del Real Madrid y el Barça ya tenen un plan B. Las peñas
futboleras de los dos clubes verán el derbi en casas conectadas de
manera clandestina a la antena satelital.

Los inquilinos de esas viviendas se afilan los dientes. Esperan cobrar 2
cuc (unos 2.40 dólares) por persona. Eso sí, con el volumen bajo y sin
formar gritería cuando Messi o Cristiano Ronaldo metan un gol.

En una casona de la barriada de Lawton, en la amplia sala, su
propietario ha puesto tres hileras de diez sillas plásticas cada una, 30
asientos en total. “Pero seguro vendrán más de treinta. Cada vez que hay
un derbi de altura, el ambiente en mi casa es lo más parecido a un mini
estadio. Gritan, vociferan, discuten, aunque esta vez les pediré que se
mantengan lo más callados posible. Siempre tengo cerveza, pero no sé si
venderla, porque el duelo termina el domingo 4, día de Santa Bárbara”.

El ambiente de La Habana se ha tornado gris, feo, opresivo. La muerte de
Fidel Castro ha traído consigo un ramillete de prohibiciones que ha
provocado un clima asfixiante. El temor y la autocensura se han vuelto
demenciales. A ello se une la chivatería entre vecinos, en centros
laborales y estudiantiles, que en los últimos tiempos se encontraba en
un perfil bajo, y en estos días ha vuelto a renacer. Hasta las opiniones
en Facebook y otras redes sociales se están fiscalizando.

Un periodista español que ha viajado varias veces a la Isla, dice que
esta vez “no encontró a nadie que opinara francamente, los habaneros
entrevistados repiten como papagayos el mismo relato oficial. Antes de
que Castro falleciera, hablé con cubanos que eran muy críticos con el
régimen. Ahora temen entrar en controversia con la figura de Fidel
difundida por el diario Granma. El ambiente se parece a Pyongyang y a
las décadas de la era soviética en Cuba”.

Es cierto. El deceso de Castro ha neutralizado la polémica y el debate
entre los cubanos sobre su desempeño, en particular en el terreno
económico: muchos ciudadanos habían perdido el miedo y lo criticaban
abiertamente.

En medio de una atmósfera de solemnidad, el fingimiento de la gente de a
pie se ha dimensionado. Las fobias llegan al ridículo. Germán y tres
socios del barrio, cansados de la abrumadora propaganda fidelista,
decidieron comprar una botella de ron en el mercado negro y armar un
partido de dominó.

“Compramos la botella con tremendo miedo. La escondimos en una mochila
grande, dicen que si la policía te ve con un litro de ron, te lo quita y
te pone una multa. En vez de jugar en el portal, pusimos la mesa en el
patio, para que no nos vieran los ‘chivatientes’ del comité u otros
recién surgidos. Y le dábamos agua al dominó discretamente. Todavía me
pregunto a qué y por qué sentimos ese miedo. Es que los cubanos somos
unos pendejos”, confiesa Germán.

Para amainar el temporal de panegíricos en la prensa estatal, durante el
luto los cubanos se refugiaron en el alquiler de DVDs piratas. Y al
igual que en tiempos que parecían superados, comenzaron a murmurar sus
disgustos. Y del closet desempolvaron la careta, se la pusieron y
volvieron a aparentar fidelidad a la dinastía castrista.

Nunca en Cuba hubo un duelo de tanta duración, que afectara tantas
facetas de la vida nacional. “Si no escapo de esto me vuelvo loco”,
expresa un muchacho que, junto a amigos de los dos sexos, escucha
reguetón en sus audífonos.

“Menos mal que no tuvimos que vestirnos de negro”, apunta una chica. Y
otra añade: “Hubiera sido el colmo, muy pocos tenemos ropa negra, es
calurosa para nuestro clima. Además, a los cubanos no nos gusta
vestirnos de negro, preferimos el blanco. Cuando se murió mi abuela, a
mi madre le prestaron un vestido carmelita oscuro”.

Anécdotas aparte, han sido nueve días de Fidel, más Fidel y solo Fidel.
Como para volar a Marte.

Source: “Mucha gente está hastiada y no quiere saber más nada de él”,
así describen prolongado duelo por Castro –
www.martinoticias.com/a/gente-hastiada-duelo-castro-muerte-cuba/134726.html

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