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Permiso para criticar a Cuba

Permiso para criticar a Cuba
La izquierda quiere que se resista dentro de la isla para mantener la
utopía revolucionaria
WENDY GUERRA
11 DIC 2016 – 00:00 CET

En la Feria del Libro de Guadalajara, durante los días posteriores a la
muerte de Fidel me reencontré con colegas y amigos, atendí las
interminables solicitudes de la prensa y cené con editores, agentes o
directores de festivales internacionales de literatura; en este contexto
ha sido increíble ver las disimiles y viscerales reacciones que genera
este suceso en cada uno de ellos. La mayoría de los autores
latinoamericanos conserva su ilusión con la utopía revolucionaria y no
ve con buenos ojos la crítica o el desencanto de quienes aquí vivimos.

Para muchos de ellos la situación ideal es esta: el cubano debe resistir
en su trinchera al precio que sea necesario. Apuntalar la única utopía
que resiste viva en el mundo, ocuparse de que no se filtre lo malo, lo
nocivo, lo incoherente. “Salud y educación” es la bandera, aunque uno no
viva en el hospital, aunque uno no pase su vida aprendiendo. Esta imagen
realista socialista es la coherente y conveniente. Encontrarle manchas
al sol genera desestabilización en los cimientos de nuestras formaciones
tópicas, ideo-estéticas, expresivas y hasta sentimentales. La
resistencia deberá ser el modo de conservación ante pilares tan fuertes
como el Premio Casa de las Américas, la Nueva Canción y el Nuevo Cine
Latinoamericano; ninguno de ellos se ha preguntado si necesitamos una
transformación de estos patrones. No parece importarles.

Nosotros aguantamos, soportamos y nos sacrificamos durante casi 60 años
mientras ellos examinaron el asunto con su trago de whisky entre las
manos, narrando luego el comportamiento ideológico y sociológico
académicamente, viéndonos desde lejos bajo una campana de cristal,
protegiendo una entelequia que al dejar de existir, los convertiría en
huérfanos.

Nuestra izquierda es el referente maternal que los amamantó y nutrió;
Fidel, el Alma Pater que los cobijó del antiimperialismo, somos el
experimento en el que se debe seguir trabajando, material modelable que
puede sobrellevar el proceso hasta encontrar la piedra filosofal.

En América Latina las derechas están demasiado a la derecha y las
izquierdas cada vez más confusas, por ello nosotros tenemos el deber de
continuar por el camino correcto, así nos ven.

¿Será que Cuba representa para el resto del mundo una izquierda en
estado puro? ¿Será que les resulta falsa la reedición de este mismo
proceso en el resto de América Latina? ¿Será que ninguno de estos
líderes les parece creíble? Para los autores cubanos insertados en el
contexto editorial iberoamericano actual es muy difícil defender el
derecho a ser cubanos y pensar distinto, vivir en Cuba o fuera de Cuba
siendo críticos con nuestro contexto es casi un pecado. En lo personal
me siento haciendo algo malo cuando critico a mi país, es como si
hubiese que pedir permiso para hacer lo que ellos hacen desde su
condición de ciudadanos en cada uno de sus países.

Vivimos dando explicaciones de algo que, sinceramente, no hay cómo
justificar. Los peruanos, chilenos y mexicanos se sientan en las mesas a
desbarrar de sus gobernantes, de sus programas de salud, de los
alcaldes, presidentes o ministros que no siempre —con buen tino— ellos
mismos han elegido, pero para los artistas e intelectuales cubanos de mi
generación encontrarle defectos a lo que resta de la utopía
revolucionaria que no todos elegimos, no es, ante muchos de nuestros
colegas, algo de buen gusto. El día que termine esta experiencia
histórica muchos de mis colegas se verán abandonados a su suerte en sus
pequeñas islas ilusorias.

De cualquier modo es sano poder debatir con ellos lo que dentro de Cuba
me es imposible conversar, no hay espacios y sí un miedo fulminante.
¿Qué pasará en Cuba? ¿Quién es el relevo? Yo no he tenido elementos para
responderles esta pregunta. Aunque ninguno me crea, sobre los cargos
políticos los cubanos no disponemos. Como los ciudadanos no decidimos,
siempre nos preguntamos ¿A quién van a poner? ¿A quién van a quitar?

De eso nos enteramos luego, en el Noticiero nacional de televisión o en
el periódico Granma. ¿Alguien se ha preguntado si nos gustan estas
determinaciones tomadas unilateralmente? Sin voz ni voto, esperamos las
noticias. ¿No es eso un claro modo de leer lo paralizados que nos
encontramos los ciudadanos de esta isla? De cualquier modo mis colegas
deben saber que aunque los nacidos en esta isla no tienen permiso para
criticar lo que ocurre dentro de Cuba, escribir, hablar o actuar sin
permiso es, en el sentido literal, nuestro único acto verdaderamente
revolucionario.

Wendy Guerra es escritora.

Source: Fidel Castro: Permiso para criticar a Cuba | Opinión | EL PAÍS –
elpais.com/elpais/2016/12/08/opinion/1481220423_315325.html

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