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Por qué se van los cubanos?

¿Por qué se van los cubanos?
6 diciembre, 2016 8:34 pm por Eduardo Martínez Rodríguez

El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) Son muy conocidos los ejemplos de
numerosos patriotas quienes se vieron forzados a abandonar la patria
para conservar la cabeza sobre los hombros. El más notorio, el de
nuestro patriota mayor, José Martí, aunque este éxodo forzado por medio
planeta propició que estudiara en dos universidades importantes y
aprendiera nueve idiomas, lo que muy probablemente no hubiera sucedido
de haberse quedado en la isla.

En los años cincuenta del pasado siglo existió asimismo una fuerte
emigración de cubanos hacia los Estados Unidos en busca de mejores
oportunidades económicas. Otros escaparon a la represión dictatorial y
allí organizaron todo tipo de tertulias belicosas en contra del régimen
y se agenciaron dinero y patrocinadores de todo tipo.

También emigraron a nuestra tierra miles de norteamericanos, incluyendo
a los canadienses, en busca de mejores empleos y seguras inversiones,
así como para hacerse cargo de las potentes industrias de por entonces
donde se generaba una fuerte clase media, como el conocido caso del
central azucarero Hersheys, donde aún existe una urbanización (hoy ya
muy deteriorada y desapareciendo) que deslumbra por su imagen de
bienestar económico y social de entonces. Esta fábrica de azúcar fue en
la primera mitad del siglo veinte un poderosísimo complejo agro
industrial, que contaba con extensas áreas de tierras especializadas en
siembras de la gramínea, con el único tren eléctrico de la nación,
incluso aún hoy, y la destilería de alcoholes de Santa Cruz del Norte
que suministró por una década el alcohol que iba ilegal a Yanquilandia
durante la Ley Seca.

Por entonces los cubanos íbamos y veníamos sin muchas dificultades de un
lado al otro del Estrecho de La Habana (¿Por qué de La Florida?). En
turismo sobre todo, había un tráfico tremendo. Nadie pedía visados. No
había Ley de Ajuste Cubano. Fidel Castro trajo, en uno de los numerosos
ferris que trasegaban carga y pasajeros entre ambas naciones, de su luna
de miel en Nueva York, un Chevrolet 52 que fundió en un año, y Nadie le
cuestionó nada.

Hoy, para un cubano, ir a los Estados Unidos es más dificultoso que ir
al Polo Sur, a pesar de que un vuelo entre La Habana y Miami dura
treinta y cinco minutos o menos.

Están llegando a Estados Unidos entre sesenta y setenta mil cubanos año,
legales o ilegales, desde el arribo del nuevo milenio. Probablemente -no
se publican estadísticas oficiales- hayan escapado de la isla más de
cien mil nacionales hacia todos los puntos cardinales. Desgraciadamente,
nos estamos quedando aceleradamente sin jóvenes.

¿Por qué se marchan de esta isla paradisiaca cuando tantos otros
extranjeros darían una mano por poder residir en un lugar tan idílico
como este Caribe?

En primer lugar, no es tan idílico en términos geográficos. Si usted
viene en verano, la va a pasar mal por las altas temperaturas. No
obstante, los locales estamos acostumbrados más o menos. Tenemos
nuestros recursos para ventilarnos como vivir en las aceras conversando
o jugando dominó, y otros trucos. A los huracanes no les tenemos miedo,
pues nos avisan con semanas de antelación, además tenemos una empresa
eléctrica del carajo.

¿Por qué abandonar un país donde se supone existe un sistema
sociopolítico aprobado por la inmensa mayoría de sus ciudadanos, un
Estado que se ocupa seriamente por el bienestar de todos y cada uno de
sus habitantes?

¿Por qué escapar, incluso arriesgando la vida, de un lugar donde existe
una excelente educación, un elevado nivel de atención en salud pública,
una economía planificada desde posiciones centrales de gobierno donde no
deberían caber los errores?

¿Por qué dejar atrás un buen sistema de asistencia social, un lugar
donde se consigue un empleo relativamente fácil y nadie se va a la cama
sin cenar?

¿Por qué escapar de un lugar donde no se venden armas y no se aprecia
gran violencia callejera?

¿Por qué irse de una nación con una gran estabilidad política, con
líderes inteligentes, carismáticos y humanitarios, preocupados por sus
súbditos?

¿Por qué, en fin, dejar de lado, o más bien detrás, al tan humanitario y
justo sistema socialista (por supuesto, que aún con sus errores) para ir
a residir en naciones donde impera la injusticia social, la ley del más
fuerte o del más rico?

Habría que preguntarle a ese tercio de la población total de la isla (y
estamos hablando de más de tres millones de personas) que se ha marchado
en los últimos casi sesenta años hacia dónde ha podido, cómo ha podido,
cuándo ha podido.

Algo falla cuando la mayoría no acepta este sistema social y no es solo
en Cuba. Las teorías funcionan tan solo en los libros mientras el ser
humano no cree más allá de lo que crea, siente y padece, mientras la
esperanza es lo último que pierde. La esperanza de vivir siempre un
poquito mejor de lo que lo hemos hecho hasta hoy, y en esta nación eso
parece ser siempre ilegal o literalmente imposible.

Observen ustedes alrededor, en casi sesenta años de poder socialista,
qué hemos creado que no sea destrucción, miseria y desesperanza.
Teníamos todos los recursos y las posibilidades en nuestras manos, nos
ayudaron muchísimo, y ¿qué hemos hecho? Mire a su alrededor y dígame.
¿Qué le va a decir a esa gente que aún está aquí, especialmente a la
juventud, para convencerla de que aún hay esperanza, de que no deberían
marcharse?

¿Dónde están sus argumentos que no sea retórica sin elementos efectivos
de certidumbre?

eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

Source: ¿Por qué se van los cubanos? | Primavera Digital –
primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/por-que-se-van-los-cubanos/

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