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Cuba Trump & INTEL

Cuba-USA: Trump & INTEL
Para tratar a Cuba con mano dura, el presidente electo Donald Trump no
quiere ver muertos y heridos en las calles como saldo de la represión,
sino que Elizardo Sánchez lleve bien la cuenta de detenciones
Arnaldo M. Fernández, Broward | 10/01/2017 1:11 pm

D. J. Trump no sólo desconfía de la información de inteligencia (INTEL)
sobre la injerencia de Rusia en las elecciones de USA. También aclaró
que no está pa’ eso de recibir partes diarios de la comunidad de
inteligencia. Esta pulsión del presidente americano electo resulta muy
promisoria para la oposición cubana deselecta.
Desde 1950 los servicios de inteligencia de USA elaboran informes
coordinados que denominan National Intelligence Estimates (NIEs). Así
dan a los políticos previsiones fundadas sobre asuntos de seguridad
nacional. Veamos una muestra del problema cubano.
– “El régimen de Castro tiene suficiente apoyo popular y capacidad
represiva para enfrentar con éxito cualquier amenaza interna (…) Las
capacidades represivas del régimen se incrementan con mayor rapidez que
los potenciales de resistencia activa (…) La muerte de Castro (..)
surtirá efectos perturbadores, pero probablemente no serán determinantes”
– “Cualquier impulso hacia la revuelta popular generalizada se inhibe
por el miedo que inspira el aparato represivo y también por la falta de
líderes dinámicos y expectativas”
– “El mero paso del tiempo favorece a Castro, ya que los cubanos y los
demás se acostumbran a la idea de que el régimen se mantendrá y el
régimen mismo gana en experiencia. No es probable que la oposición
política interna o las dificultades económicas vayan a provocar el colapso”
A su vez cada servicio de inteligencia elabora sus propios informes,
como este de la CIA: “La apatía y el resentimiento cunden en la Cuba de
hoy, pero no representan amenaza seria [ni] es probable que los actuales
programas de Estados Unidos conduzcan a la caída del régimen”. Así y
todo, nadie debe alarmarse.
Hoy no es como ayer
Los NIEs precitados son de noviembre de 1961, marzo de 1962 y junio de
1963; el informe de la CIA data del 12 de diciembre de 1963. A nadie se
le ocurriría pensar que tuvieran aún tanta vigencia como el castrismo
mismo. Y como D. J. Trump aclaró de pasada que Internet es digna de
confianza, cabe esperar que no preste mucha atención a la INTEL sobre
Cuba y se dedique a leer en línea los análisis de refinada factura que
corren desde advertir fraudes groseros en el registro de electores hasta
groseras violaciones de la Convención contra la Tortura [y otros tratos
o penas crueles, inhumanas o degradantes] (1984).
Según el politólogo americano Michael Walzer, un Estado puede meter las
narices en otro si en este último ocurren cosas que “conmueven la
conciencia de la humanidad”. Algo tan tremendo como que Cuba viola la
Convención contra la Tortura es suficiente para que el Consejo de
Seguridad de la ONU resuelva tomar “todas las medidas necesarias” y USA
intervenga como hizo en Bosnia-Herzegovina (1992) y Haití (1994).
Máxime si para conmover a la humanidad con la tortura en Cuba no hace
falta ningún foto-reportaje como aquel de Samuel Feijoo —en 1959— sobre
los quema-piés, pincha-ojos y saca-uñas de la estación de policía de
Santa Clara. Hoy todo el mundo sabe que la Escuela de Policía en Tarará
es el centro de detención y tortura montado contra las Damas de Blanco y
otros.
¿Qué pasa USA?
Sin embargo, la humanidad no se conmueve y USA apenas expresa
preocupación ante las gravísimas violaciones de los derechos humanos en
Cuba. Pero nadie debe alarmarse, porque esta posición cambiará cuando D.
J. Trump tire al cesto los NIEs y lea en Internet los análisis del
anticastrismo corriente y las denuncias de pinchazos y trompones,
torturados y desaparecidos que se formulan a diario.
Hasta ahora USA piensa equivocadamente que, por ejemplo, no tiene que
intervenir de ninguna manera si la Dama de Blanco Caridad Burunate
relata: “La suerte fue que el pueblo intervino; si no, a Iván [Hernández
Carrilo] lo matan a patadas”. En USA creen que el pueblo protegió a este
sindicalista —tan independiente que no tiene centro de trabajo— contra
la grave violación de los derechos humanos que hubiera sido matarlo o
tenerlo que ingresar en cuidados intensivos.
Y lo que es peor: para USA y casi todo el mundo las pateaduras que no
lleguen a la muerte en masa son asuntos internos y solo concitan
preocupación. Pero de ahora en adelante no será así. Para tratar a Cuba
con mano dura, D. J. Trump no quiere ver muertos y heridos en las calles
como saldo de la represión, sino que Elizardo Sánchez lleve bien la
cuenta de detenciones. Tampoco quiere ver a los líderes opositores que
visitan USA regresar a la Isla para ponerse al frente de masas
anticastristas, sino que esos líderes sigan reuniéndose con otros del
exilio y salgan por la prensa hispana de Miami, que tan elogiosamente
trató a D. J. Trump en su campaña presidencial.
Coda
A D. J. Trump no le interesa siquiera que TV Martí armara un tinglado
para cubrir las elecciones en USA y dejara la cobertura al garete tras
perfilarse D. J. Trump como ganador. A D. J. Trump le interesa más bien
que Radio y TV Martí promuevan la Enmienda Fariñas en el Parlamento
Europeo y la candidatura de Tania Bruguera como presidenta de Cuba, para
apretar las clavijas al castrismo y ponerse a la altura del
anticastrismo corriente, que siempre está en renovación con mejores
tácticas.

Source: Cuba-USA: Trump & INTEL – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/cuba-usa-trump-intel-328280

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