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Familia y libertad a propósito del Premio Oswaldo Payá

Familia y libertad a propósito del Premio Oswaldo Payá
BORIS GONZÁLEZ ARENAS | La Habana | 23 de Febrero de 2017 – 19:34 CET.

La casa de Oswaldo Payá, el líder político cubano que murió junto a
Harold Cepero en condiciones no esclarecidas en el año 2012, tiene una
sala pequeña. Una sala que corresponde con una vivienda de proporciones
modestas, para una familia que en condiciones normales desarrolla su
vida social y política en instituciones apropiadas, sin otra aspiración
que la armonía familiar y el crecimiento sano de los hijos. No una sala
con el tamaño adecuado para servir de escenario a la entrega, este
miércoles 22 de febrero de 2017, del Premio Oswaldo Payá, Libertad y
Vida a Luis Almagro, secretario general de la OEA, y a Patricio Aylwin,
expresidente chileno a quien se le otorgó con carácter póstumo.

La mención a Aylwin debería haberla recogido su hija Mariana. Debería,
porque el Gobierno cubano impidió la entrada de ella y de Almagro al
país, además de la de Felipe Calderón, expresidente mexicano, que fue
nominado y había aceptado la invitación para participar de la ceremonia
junto a otros invitados internacionales.

Igualmente, el Gobierno impidió la llegada de un número no precisado de
miembros de la sociedad civil, ya fuera porque los detuvo directamente,
como a Henry Constantín, o porque un cordón paramilitar ceñido en torno
a la vivienda en el municipio habanero del Cerro les imposibilitó la
llegada, como al periodista de Diario Las Américas Iván García.

Aun así, la acogedora habitación resultó insuficiente para recibir a los
miembros de la sociedad civil que pudimos llegar, del cuerpo diplomático
y de la prensa extranjera. Los asientos dispuestos inicialmente fueron
recogidos, y durante todo el evento los presentes debimos permanecer en
pie. Era un ejemplo locuaz de cómo merced al castrismo el espacio
doméstico ha debido asumir las funciones propias de los espacios
públicos, entre otras apropiaciones extrañas.

Las intervenciones de Rosa María Payá sobre la necesidad de libertad
para Cuba, la lectura por Saylí Navarro de la carta escrita para la
ocasión por Ofelia Acevedo, viuda de Oswaldo; las palabras de Iván
Hernández Carrillo, único nominado que pudo estar en el evento, y la
alocución filmada de Felipe Calderón a la Red Latinoamericana de Jóvenes
por la Democracia, resultaron magníficas para demostrar la competencia y
madurez política de sus organizadores.

Las palabras de Rosa María afirmando que los premios no serán enviados a
sus dueños, sino que serán guardados para entregárselos en esa misma
sala en una Cuba libre, afirman un propósito que da a la pequeña
habitación proporciones universales.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, tiene un enorme mérito
por haber aceptado el premio y encarar la invitación de viajar a Cuba a
recibirlo en una modesta sala del Cerro, sobre una silla antigua y gastada.

La OEA fue clave para apartar del conjunto de los gobiernos americanos
al de Fidel Castro en la etapa más letal de su ejercicio político,
aquella en que convirtió al país en el pasto de sus bestiales afanes. La
separación se produjo luego de que el Gobierno democrático de Rómulo
Betancourt rompiera relaciones con Cuba y promoviera su censura en la
OEA por el carácter comunista del Gobierno de Fidel Castro y su aporte a
la subversión del Gobierno venezolano. Algo semejante había promovido ya
contra Rafael Leónidas Trujillo, el tirano de República Dominicana, y
poco tiempo después la misma determinación demócrata lo llevó a romper
relaciones diplomáticas con el Gobierno haitiano, encabezado entonces
por François Duvalier.

Para Fidel Castro ser tratado como uno más de los jenízaros caribeños
fue una afrenta que no estaba dispuesto a tolerar, lo que provocó que la
animadversión contra la OEA trascendiera hasta nuestros días.

Que la casa del Cerro que acoge a la familia Payá sea el escenario de un
evento de esta naturaleza honra a la familia cubana. Si en los últimos
años se ha verificado alguna reanimación económica familiar, es
precisamente por la habilitación del espacio doméstico para el ejercicio
del comercio y la industria privados. Nada ha otorgado el castrismo a
ese crecimiento que no sean obstáculos y ojeriza.

El éxito del evento organizado por la Red Latinoamericana de Jóvenes por
la Democracia evidencia que, junto a la capacidad de gestión e
iniciativa económica, es en la familia cubana donde residen, con lozanía
insospechada, el ansia y la voluntad de nuestra libertad política.

Source: Familia y libertad a propósito del Premio Oswaldo Payá | Diario
de Cuba – www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1487874844_29182.html

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